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El nacimiento y el ocaso de las vacunas: se llaman así por las vacas

El nacimiento y el ocaso de las vacunas: se llaman así por las vacas
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Una vacuna es algo así como un elixir mágico. Como esos corazones o monedas de los videojuegos que aumentan la vida del personaje o, mejor dicho, le proporcionan una especial inmunidad ante los enemigos.

La primera vacuna de la historia fue descubierta por el médico rural inglés Edgard Jenner en 1796 y servía para combatir la viruela. La idea se le ocurrió cuando, en su pueblo, vio cómo las recolectoras de leche eran contagiadas de una especie de viruela vacuna por estar siempre en contacto con estos animales. Una variante de la viruela humana que resultaba menos mortífera y, por tanto, inmunizaba a las granjeras ante la viruela humana.

Jemmer tomó una muestra de viruela vacuna de la granjera Sarah Nelmes y se la inyectó entonces a un niño de 8 años, James Phipps. El niño enfermó, pero a las 48 horas se recuperó totalmente y, entonces, quedó inmunizado ante la viruela humana, tal y como sucedía con las granjeras que andaban siempre cerca de las vacas.

Ya se había inventado la primera vacuna, pero no empezó a llamarse como tal hasta 1881, cuando Louis Pasteur desarrolla un experimento con una vacuna antiantráxica en carneros y vacas. Al comunicar los resultados, Pasteur introdujo el término de vacuna, que procede del latín vacca (vaca), a fin de homenajear a su predecesor, Jenner.

Las vacunas latinoamericanas

Campa
Los científicos latinoamericanos han contribuido enormemente en la creación y mejora de las vacunas. Por ejemplo, Una mujer que podríamos catalogar como la Louis Pasteur cubana fue la descubridora de la única vacuna eficaz contra una enfermedad que segaba miles de vidas en el mundo: la meningitis. Esa mujer fue Concepción Campa.

En 1982, por sus méritos en el campo de las ciencias, la cubana Campa fue escogida para formar parte del Grupo Especial para el Desarrollo de la Vacuna Antimeningocócica. Fue en 1987 cuando se realizaría la primera prueba de eficacia de terreno, siendo así proclamada autora de la vacuna antimeningocócica BC, la primera y única vacuna del mundo con eficacia comprobada contra la meningitis tipo B, por lo cual se le otorgó la Medalla de Oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Campa se involucra totalmente en sus investigaciones, así que antes de probar la nueva vacuna, los primeros niños que se sometieron a ella fueran los propios hijos de los investigadores, incluidos los de Campa. Esto supuso que Campa no pudiera besar a sus hijos, sólo acariciarlos, porque "ellos eran portadores de un bicho malo que les podía ocasionar una enfermedad grave".

Más recientemente, los principios químicos que permitirán crear vacunas sintéticas para prevenir prácticamente todas la enfermedades infecciosas existentes en el mundo fueron descubiertos por el científico colombiano y descubridor de la primera vacuna contra la malaria, Manuel Elkin Patarroyo.

Ello se podrá aplicar a la tuberculosis, al papiloma humano, al dengue, a la hepatitis C o a la lepra, y así hasta medio millar de enfermedades infecciosas (517 en total, de las que, hasta ahora, sólo 15 de ellas tenían vacuna).

El ataque contra las vacunas

Las vacunas ya han conseguido erradicar una de enfermedades más contagiosas y mortíferas que ha conocido la humanidad: la viruela. También ha neutralizado otros padecimientos como la rubéola, la polio, el sarampión, las paperas, la varicela-zoster y la fiebre tifoidea, todos ellos muy comunes hace apenas un siglo.

Pero la moda de rechazar la medicina oficial está provocando que enfermedades casi erradicadas como el sarampión vuelvan a ser un problema. La enfermedad crece en España ayudada por grupos que no vacunan a sus hijos por ideología: los 1.300 casos de 2011 multiplican por cinco los de 2010. Los que se niegan a vacunar a sus hijos no son solo población marginal o intelectualmente pobre: también son familias bien formadas que secundan estilos de vida pretendidamente naturalistas y que rechazan los productos de la industria farmacéutica como gesto de militancia.

La publicación en 1998 de un artículo científico que vinculaba la triple vírica con el autismo provocó un descenso de la tasa de cobertura de la vacuna por debajo del 80% en 2004. Aunque la propia revista The Lancet, una de las más reputadas en el mundo científico, retiró el artículo porque el autor había falseado datos, los activistas lo siguen citando para alertar contra las vacunas.

Vía | Innovadores de América

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