El equívoco de lo natural o por qué implantarse pechos de silicona

El equívoco de lo natural o por qué implantarse pechos de silicona
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Lo que no se encuentre en los anales de unas cuantas culturas antiguas elegidas un poco por criterio estético, es perverso y dañino. No se puede intervenir, no se puede analizar, no se pueden examinar las partes que componen el todo. No se puede actualizar o mejorar. Son algunos de los mantras inconscientes que suelen repetirse muchas personas.

Estos individuos suelen ser los mismos que, también, en su reverencial amor hacia lo natural y lo tradicional, critican, por ejemplo, la cirugía estética y cualquier otro avance en cualquier terreno. Con ello no abogo por el implante de pechos de silicona de forma generalizada. Sin embargo, criticar esos tuneos estéticos tal y como se hace me parece bastante endeble.

Porque a esas personas les preguntaría si tienen algún complejo. Y si son sinceros en esa respuesta, es probable que contesten afirmativamente.

Seguro que alguna vez se han peinado de una determinada forma porque les favorecía o para disimular su incipiente alopecia u ocultar sus orejas de Dumbo. También puede que se hayan teñido las canas. Seguro que han aprendido a reír sin mostrar sus dientes de Bugs Bunny o el sarro debido a una limpieza deficitaria. Seguro que han metido barriga al pasar frente a una chica. Seguro que se han maquillado o se han perfumado, o incluso se han aplicado desodorante en las axilas.

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Todos estos arreglos son toscos prolegómenos de lo que algún día se instaurará con naturalidad: la cirugía estética al alcance de todo el mundo, tal y como hoy se usa un pintalabios.

Todo ello puede parecernos válido u obsceno, eso es irrelevante si solo criticamos la cirugía estética pero no todo lo demás. Para el caso de la cirugía se han empleado una tecnología más sofisticada que la simple aplicación de pigmentos en el rostro, una tecnología más eficaz y que requiere menos tiempo y menos estrés.

Criticar la cirugía actual pudiera admitirse en el sentido de que todavía no está lo suficientemente desarrollada, no queda tan bien como la pintan y requiere un sometimiento demasiado estricto. Pero eso no puede desviarnos de lo importante del asunto: quienes usan ahora la cirugía están financiando en parte la cirugía del futuro, que ya no llevará aparejados tales efectos secundarios que ahora criticamos. Y entonces seremos, si continuamos con la crítica en pie, como cavernícolas cocinando un mamut al ajillo en una fogata.

Es terrible, eso sí. Admito que es terrible que el físico sea tan importante. Pero también es inevitable, como contemplar impávidos como un pez grande se come al más chico y a su vez un cocodrilo, que terminará siendo el bolso de una señora estirada, devora a ambos.

Así que yo no me escandalizo si customizamos nuestro físico porque también he asumido que no soy capaz de enamorarme de alguien con un moco en la nariz o una epidermis bombardeada por pústulas. Por ello, ese moco se lo intenta quitar todo el mundo: algunos se lo quitan con un dedo sucio y lleno de gérmenes, mientras lanzan sus consignas en contra de la frivolidad de la cultura imperante. Yo, por contra, lo hago con un kleenex perfumado, a la vez que admito que yo formo parte de esta cultura frívola.

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