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El botiquín de nuestra casa (IV): el Vick´s VapoRub

El botiquín de nuestra casa (IV): el Vick´s VapoRub
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Aún recuerdo su tacto pringoso y su tufo penetrante, cuando mi madre me lo friccionaba en el pecho para combatir el resfriado. Pero ¿cuál es el origen de este ungüento? ¿Cómo se fabricó el primer Vick´s VapoRub?

Ya en el Próximo Oriente, hace 5 mil años, se usaban cataplasmas y emplastos a base de hierbabuena y mostaza. Sin embargo, sus ingredientes activos eran a menudo irritantes y producían sarpullidos y ampollas. También hace mucho que existía la inhalación de vapores para combatir la difteria o un fuerte resfriado, pero la temperatura del agua no era fácil de controlar con el fuego del carbón o de la leña y muchos niños acababan sufriendo quemaduras en la cara.

Pero entonces un farmacéutico de Selma, Carolina del Norte, por allá el 1905, quiso encontrar un producto que combinara las ventajas de las cataplasmas y de los vahos, sin ninguno de sus inconvenientes. Se llamaba Lunsford Richardson, y dos fueron los hechos que lo condujeron a su descubrimiento.

El primero fue la popularidad de la gelatina de petróleo como base inofensiva y neutra para bálsamos y cosméticos. El segundo, la aparición en América del mentol, un extracto alcohólico, céreo y cristalino del aceite de la menta piperita, que despedía unos vapores de olor muy intenso.

Richardson mezcló entonces mentol con otros ingredientes y una base de gelatina de petróleo, produciendo una pomada a la que dio su nombre. La pomada se aplicaba mediante fricción en la frente y el pecho, y debía curar la difteria y la pulmonía. Vaporizados por el calor corporal, estos productos abrían los conductos de aire bloqueados, al mismo tiempo que estimulaban la circulación sanguínea a través del contacto con la piel.

El producto fue un éxito masivo, así que Richardson quiso buscarle un nombre más atractivo, con más gancho. Para ello consultó con su cuñado, un médico llamado Joshua Vick, en cuya botica Richardson había empezado su actividad como farmacéutico. Al final, escogió el nombre de su pariente y consejero para su producto.

Richardson se anunció en los periódicos, con unos cupones que podían cambiarse por un tarrito de prueba de Vick´s VapoRub. Y además usó una técnica de marketing nueva:

Persuadió al servicio de correos de los Estados Unidos para que introdujera una nueva modalidad en el reparto de cartas, y que desde entonces ha mantenido llenos a rebosar los buzones particulares: los anuncios del Vick´s VapoRub se dirigían simplemente al “titular del buzón”, cuando, hasta entonces, todo el correo había de ostentar el nombre del destinatario.

Es decir, que a Richardson le debemos ese característico ungüento de nuestra infancia. Pero también los prolegómenos de que ahora nos veamos obligados a colocar un cartel junto al buzón que ponga “No se admite correo comercial”.

Vía | Las cosas nuestras de cada día de Charles Panati

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