Ayer, en Twitter, fue TT el hashtag #YoNoMeVacuno contra la COVID-19 y eso es un problema

Ayer, en Twitter, fue TT el hashtag #YoNoMeVacuno contra la COVID-19 y eso es un problema
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En una sociedad homogénea, en la que todos tienen aproximadamente los mismos antecedentes, religión, valores y objetivos, la gente generalmente estará de acuerdo en lo que significa ser una buena persona y vivir una buena vida.

Sin embargo, hay toda una constelación de discrepancias en la intensidad de algunos valores, incluso en su aplicación; y sobre todo habrá diferencias en lo tocante los datos, la información objetiva, porque no todo el mundo puede o sabe recurrir a fuentes confiables y acaba confundida por la infoxicación. Eso explica, en parte, que ayer, en Twitter, fuera TT el hashtag #YoNoMeVacuno contra la COVID-19.

¿Cómo convencer? Spoiler: no se puede

El problema del exceso de información es que resulta difícil hallar la verdad, pero también que es tremendamente sencillo apuntalar cualquier idea, teoría o capricho con montañas de datos. Como prueba, un botón de algunas de las imágenes que se compartían ayer en Twitter bajo el hashtag #YoNoMeVacuno:

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Un principio clave del liberalismo es el pluralismo: la idea de que diferentes personas, tradiciones y creencias no solo pueden coexistir juntas en la misma sociedad, sino que también deben coexistir juntas porque la sociedad se beneficia de una heterogeneidad vibrante. Sin embargo, se han establecido jerarquías sobre las fuentes de información a las que podemos acudir: no es lo mismo un estudio publicado en una revista revisada por pares con un alto índice de impacto que un periódico digital.

Una sociedad pluralista alimenta la innovación y el progreso, donde diversas personas con experiencias de vida únicas desarrollan y comparten ideas. Si las personas permanecieran en comunidades discretas y homogéneas, ¿cuántas vidas e ideas que cambiarían el mundo nunca hubieran existido? El problema es que hay afirmaciones que, a todos los niveles, incluido el epistemológico, son falsas.

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Son afirmaciones, al menos, tan falsas, que para sostenerse (y que se respeten), no es suficiente con apelar a la libertad de expresión: se deben apuntalar las afirmaciones con la misma fortaleza epistemológica que la idea que se trata de rebatir: por ejemplo, si dices que las vacunas son peligrosas, aporta la literatura científica del mismo nivel que la que afirma que las vacunas son seguras.

Lo contrario sería como preguntar a todos los pasajeros de un avión, democráticamente, qué clase de maniobra debe realizar el piloto para abordar una tormenta inminente.

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En lo tocante a las vacunas, científicamente sabemos que son seguras. Científicamente sabemos que son útiles. Científicamente sabemos que causarán más beneficios que perjuicios. Sin embargo, la mitad de la población no estaría dispuesta a vacunarse ahora mismo contra la COVID-19 porque no se fía, por miedo, por teorías de la conspiración, porque le meten el chís, o por lo que sea....

Negacionistas de la COVID aparte, en el porcentaje de población de respuesta negativa parece que la palabra clave no es “vacuna” sino “inmediatamente”. Muchos confían en la ciencia, pero muestran dudas respecto a los plazos y, sobre todo, temor a las reacciones adversas.

Podríamos intentar hacer pedagogía, tratar de informar a la gente, incluso intentar persuadirla con la mejor retórica posible. Sin embargo, si esto no funciona y tenemos prisa, si no hay tiempo para ponernos a filosofar porque hay que ponerse la vacuna y callarse la boca... ¿qué hacemos para no caer de bruces en un estado totalitario o para obligar a la gente a comulgar con ruedas de molino? Hay un truco más eficaz que obligar a la gente (que suele comportar, a veces, consecuencias inesperadas y contraproducentes): el paternalismo libertario. Podéis saber mas de él en el siguiente vídeo:

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