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¿Se podría clonar a Hitler?

¿Se podría clonar a Hitler?
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La respuesta rápida ante la pregunta si se podría clonar a Hitler es sí. El matiz: ¿para qué? Y es que clonar a Hitler sería tan relevante como clonar a cualquier otra persona.

Hitler está muerto, pero si consiguiéramos alguna célula viva del führer para clonar, entonces nada nos garantizaría que se desarrollaría el mismo tipo de persona: básicamente un vegetariano belicoso y fascista. Pero ¿hasta qué punto los genes serían responsables de ello?

Esa pregunta dista de poder ser respondida aún, pues el dilema nature VS nurture continúa vigente, pero en el año 2002, un estudio publicado en la revista Science se centró en el análisis de un gen concreto relacionado con la agresión en el caso de 1.000 niños observados en un periodo de 30 años.

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Como explican Sue Nelson y Richard Hollingham en su libro Cómo clonar a la rubia perfecta:

Así se descubrió que aquellos niños cuyos genes producían niveles bajos de una determinada enzima (monoamina oxidada A o MAOA), tenían mayor propensión a mostrar un comportamiento antisocial cuando fueran adultos, pero sólo si habían sido maltratados o habían sido sometidos a abusos durante la infancia.

Es decir, que los genes son importantes, pero el entorno resulta crucial para que determinados genes se expresen. Así que si clonamos a Hitler también necesitamos que ese niño se críe en circunstancias similares a las del fascista germánico.

Quizá quién tuvo más en cuenta la interacción entre entorno y genética fue Ira Levin en su novela de ciencia ficción Los niños del Brasil, que también cuenta con su propia adaptación cinematográfica. En la novela se sugiere que el clon adolescente de Hitler creado por el doctor nazi Josef Mengele tuvo que reproducir las condiciones en que se educó el verdadero Hitler para poder alcanzar el éxito completo.

Si asumimos que comportamientos sociales como la propensión a la violencia hunde sus raíces tanto como en los genes como en el entorno podemos evitar situaciones como el alegato empleado en un juicio por asesinato porque recientemente se habían descubiertos genes de agresión:

Este descubrimiento permitió a un abogado de los Estados Unidos articular en 1991 una defensa con base genética para su cliente, Stephen Mobley. El acusado había sido sentenciado a muerte por haber disparado al encargado de una pizzería en Georgia. Puesto que la familia del asesino tenía un probado historial de enfermedades genéticas y comportamiento criminal, su abogado adujo que Mobley había “nacido para matar”. El caso se perdió y Mobley está en el corredor de la muerte.

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