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¿La evolución es una teoría o es un hecho? (I)

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Thomas Malthus tuvo una serie de ideas que fueron codificadas con manchas de tinta en las páginas de un libro, Ensayo sobre el principio de la población. Charles Darwin posó sus ojos en estas manchas, seleccionó visualmente algunas de ellas y las copió en su cerebro, donde se unieron a otras ideas ya presentes en la mente de Darwin, combinándose hasta crear un complejo único: la teoría de la evolución. (El mismo complejo se iluminó en otro cerebro, el de Alfred Russel Wallace, después de leer a Malthus unos años más tarde).

Hasta aquí, todo está bastante claro. Pero este complejo de ideas, avanzadas para su época, parcialmente comprendidas incluso en nuestra época, finalmente ¿qué son? ¿Una creencia? ¿Una hipótesis? ¿Una teoría? ¿Un hecho?

En definitiva, ¿cabe dudar de la teoría de la evolución e, incluso, advertir esta duda en las escuelas donde se enseña biología a los niños, tal y como se impone en Estados Unidos desde asociaciones de padres y religiones organizadas?

Echemos un vistazo al aviso incluido en todos los libros de texto de biología por el Consejo de Educación del Estado de Alabama, 1996-2001:

Este libro de texto habla de la evolución, una controvertida teoría que algunos científicos presentan como explicación científica del origen de los seres vivos, tales como las plantas, los animales y los humanos. Nadie estaba presente cuando apareció la vida sobre la Tierra. Por consiguiente, cualquier afirmación sobre los orígenes de la vida debería considerarse una teoría, no un hecho.

En el “Juicio del Mono contra Scopes” de 1935, un profesor de Tennessee fue declarado culpable de enseñar la evolución en contravención de una legislación estatal conocida como la Ley Butler, no revocada hasta 1967. Al año siguiente, el Tribunal Supremo dictaminó que una ley similar de Arkansas violaba la Primera Enmienda. En 2005, el Tribunal de Distrito de Estados Unidos para el Distrito Medio de Pensilvania dictaminó que el Diseño Inteligente no pertenecía al currículo científico.

La controversia, pues, está servida.

¿Están, entonces, el diseño inteligente o el creacionismo al mismo nivel que la teoría de la evolución?

Cualquier biólogo medianamente instruido “sabe” que no (y probablemente ahora mismo se estará tirando de los pelos). Sin embargo, una encuesta llevada a cabo por el programa Horizon de la BBC reveló que sólo el 48 % de los británicos creía que la evolución era la mejor descripción de su visión del origen y desarrollo de la vida; el 22 % prefería el creacionismo y el 17 % el Diseño Inteligente.

Que sociedad y científicos vayan por caminos divergentes no debería sorprendernos, si echamos un vistazo al éxito de la homeopatía o las astronómicas ventas de las pulseritas Power Balance (recuerdo que la ministra de sanidad de España llevaba una en sus comparencias públicas; y que Iker Jiménez, más chulo que nadie, lleva 3 o 4: podéis contarlas en este vídeo donde se despacha a gusto contra el método científico).

Además, a la evolución hay que sumarle otro componente que la convierte en difícilmente digerible por personas poco instruidas en biología: contradice nuestra intuición y resulta muy difícil de imaginar. ¿Cómo es posible que las mutaciones, durante millones de años, provoquen que los seres vivos se adapten tan bien a las circunstancias? Incluso, la mayoría de la gente que habla de evolución darwiniana en realidad habla de lamarckismo (mi profesor de Naturales de EGB, sin ir más lejos).

Vía | El meme eléctrico de Robert Aunger / ¿Se creen que somos tontos? de Julian Baggini

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