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¿Las bacterias que están en nuestro estómago podrían ser responsables de muchos casos de autismo?

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El trastorno del espectro autista (TEA) está estrechamente vinculado a los genes, pero un nuevo estudio trata de esclarecer por qué hasta el 90 por ciento de los casos también tienen problemas gastrointestinales.

En solo los últimos treinta años, el autismo se ha multiplicado por 10: de 4 de cada 10.000 niños en los años 1970 a 40 de cada 10.000 actualmente en Estados Unidos.

Microbiota

Sabemos que el cerebro y el intestino comparten muchas cosas. El cerebro de nuestro estómago se denomina «sistema nervioso entérico», y permite que el intrincado proceso de la digestión se controle totalmente allí mismo, sin la continua supervisión del cerebro alojado en nuestro cráneo. Por ejemplo, en este segundo cerebro encontramos mayores concentraciones de serotonina que en el primer cerebro, tal y como explica el neurobiólogo Michael Gershon en su libro El segundo cerebro. Concretamente, el 95% de toda la serotonina que corre por nuestro cuerpo se halla en el intestino.

Ahora, por primera vez, se ha confirmado que también el estómago y el cerebro comparten mutaciones genéticas relacionadas con el autismo.

La investigación reúne nuevos resultados de estudios pre-clínicos en animales con trabajos clínicos inéditos de un estudio histórico de 2003 dirigido por investigadores suecos y un genetista francés.

El estudio de dos hermanos con autismo realizado por el profesor Christopher Gillberg (Universidad de Gotemburgo), la profesora Maria Råstam (Universidad de Lund) y el profesor Thomas Bourgeron (Instituto Pasteur) fue el primero en identificar una mutación genética específica como causa del trastorno del desarrollo neurológico.

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Mientras que el estudio de 2003 se enfocó en identificar las bases genéticas para el autismo, Gillberg y Råstam también tomaron notas clínicas detalladas de los problemas gastrointestinales significativos de los hermanos.

La profesora asociada Ashley Franks (Universidad de La Trobe) también encontró diferencias significativas en los microbios intestinales de los ratones con la mutación y en los que no la tenían, aunque ambos grupos se mantuvieron en entornos idénticos.

Si bien esta mutación específica es rara, es una de las más de 150 mutaciones genéticas relacionadas con el autismo que alteran las conexiones neuronales.

La investigación se publica en una próxima edición de Autism Research.

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