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El kilogramo dejará de serlo muy pronto

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Según los Laboratorios Sandia, EEUU, ocurrirá antes del 2011. El kilogramo dejará de pesar lo que pesa. Algo que no debería preocuparnos a la hora de ir a hacer la compra y que nos timen con el precio, pero que resultará significativo para los trabajos científicos.

Desde 1889 (año en que se inauguró la Torre Eiffel), el patrón del kilo es el famoso cilindro de platino e iridio de la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de Sèvres, cerca de París, custodiado en el interior de una campana de cristal triple. A la hora de saber cuántos microgramos de plata debe tener un determinado componente electrónico, la referencia universal para la masa es siempre ese cilindro, y las copias que muchos países (entre ellos España) guardan de él.

Pero a lo largo de su existencia, este objeto ha perdido ya unos 50 microgramos, sin contar que, si se destruye ese prototipo, desaparecería el estándar internacional de masa. Además, las definiciones de otras unidades básicas tienen relación con la del kilogramo. Así, las mediciones que trabajan con el amperio, la candela o el mol, se ven a menudo afectadas por la incertidumbre en la definición del tipo “un kilo es igual al prototipo internacional”.

“Si alguien estornudara sobre el kilogramo prototipo, todas las medidas del mundo estarían incorrectas instantáneamente”, dice Richard Steiner, un físico del National Institute of Standards and Technology (NIST, o Instituto Nacional de Estándares y Tecnología), en Gaithersburg, Md.

Para superar estos escollos, se han planteado varias alternativas, pero la que parece tener más aceptación es el uso de un método electromagnético: la balanza de Watt.

En este caso se utiliza otro fenómeno físico absoluto para definir al kilogramo: la constante de Planck. La balanza determina cuánta energía es necesaria para generar una fuerza electromagnética que sea capaz de equilibrar la atracción gravitatoria de un objeto de un kilo de masa. La escala es tan sensible que puede detectar cambios tan pequeños como una diez millonésima de un kilogramo. Y permitirá que cada cual pese el kilo sin depender de un objeto casi mitológico.

Vía | El indagador tecno-científico

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