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El gato de Schrödinger (y V)

El gato de Schrödinger (y V)
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La mecánica cuántica dice que el resultado de una medición siempre es un estado base, de los que habíamos dicho que eran mutuamente excluyentes. En el caso de la aguja tenemos dos de estos estados: posición vertical y horizontal.

Es decir, aunque un sistema cuántico puede permanecer en un estado donde se mezclan los dos estados principales mientras no se está observando. Pero cuando realicemos la medición, siempre saldrá uno de los estados base.

Por lo tanto, siempre que miremos, la aguja estará en un estado clásicamente aceptable. Si lo pensáis, tiene lógica que sea así. Uno de los requisitos de cualquier nueva teoría es que permita recuperar los resultados de la antigua en aquellas situaciones en que funcionaba. Y en mecánica clásica, nunca vemos mezclas de estados, ¿verdad?

Sin embargo, los estados mixtos sí que pueden existir cuánticamente cuando no estamos observando el sistema. Si, de golpe, empezamos a observarlo, el estado mixto desaparecerá, y el estado del sistema cambiará automáticamente a uno de los estados base.

¿A cual de ellos? Pues resulta que no es posible saberlo. Dicha información no existe en el universo.

Sí, tal cual suena. No es que no podamos saberlo porque ignoremos alguna variable oculta, o porque nuestros experimentos no sean suficientemente buenos. Esa posibilidad se tomó muy en serio, se puso a prueba experimental y quedó descartada.

Es decir, es un hecho experimentalmente probado, indudable, indiscutible: cuando realizamos una medición sobre un estado mixto siempre obtendremos un estado base, pero no podemos saber cuál porque dicha información no existe. No es una limitación práctica, o experimental. Es un hecho fundamental y completamente insalvable.

Lo único que podemos saber es la probabilidad de obtener cada estado base. ¿Y cual es esa probabilidad? Pues justamente la proporción de la mezcla.

Por lo tanto, nuestro pobre gatito está en un estado mezcla al 50%. Por lo tanto, al abrir la caja y mirarlo, hay exactamente un 50% de probabilidades de encontrarlo vivo, y otro tanto de que el pobre haya perecido.

Y, vuelvo a repetir por si no he sido suficientemente contundente todavía: antes de abrir la caja y mirar, no es que no podamos saber cómo lo encontraremos por una cuestión de ignorancia temporal. Sencillamente, el universo aún no ha decidido. Puede que no nos guste que la realidad sea así, pero los experimentos no dejan dudar a duda.

Foto | Jieq

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