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Un anillo hecho del hueso de tu muela del juicio, y otros huesos

Un anillo hecho del hueso de tu muela del juicio, y otros huesos
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A menudo, como justificación por lo desorbitado del precio, se dice aquello de “un diamante es para siempre” (un mito romántico que la ciencia ha desmentido: los diamantes, a la larga, se degradan, aunque sea en escalas temporales geológicas). Sin embargo, ¿qué mayor muestra de amor hay que regalar un anillo construido por el tejido óseo de tu pareja?

Es lo que proponía en 2005 Tobie Kerridge, por aquel entonces del Real Colegio de arte, de Londres, que buscaba a parejas dispuestas a pasar por el laboratorio para ver crecer un anillo orgánico propio.

Bajo el llamado Proyecto de Biojoyería, Kerridge creaba anillos a partir del tejido óseo de la pareja. Para ello, los cónyuges debían extraerse ambos la muela del juicio. A partir de pequeños fragmentos de hueso extraído durante el procedimiento normal de la extracción dental, se cultivaba nuevo tejido óseo que crecía y se endurecía sobre un andamiaje en forma de anillo a lo largo de un período de varias semanas, alimentado por los nutrientes adecuados.

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Son varios individuos los que se sometieron a esta propuesta de llevar en el dedo a una parte del otro, tal y como explica Hugh Aldersey-Williams en Anatomías:

Las parejas tiene varios motivos para tomar parte. Una pareja son científicos de materiales, otra lo hace como protesta contra el comercio de diamantes, mientras que una tercera es partidaria de la perforación del cuerpo, y así lleva dicho arte a profundidades internas. Los anillos se diseñaron con la participación de sus portadores, y se tallaron y decoraron de maneras que evocan inevitablemente los 30.000 años de historia humana de trabajar y llevar huesos como herramientas y decoración.

Huesos y más huesos

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La osamenta del cuerpo humano está compuesta por 208 piezas. 26 huesos en la columna vertebral, 8 huesos en el cráneo, 14 huesos en la cara, 8 huesos en el oído, 1 hueso en la laringe, 25 huesos en el tórax, 64 huesos en las extremidades superiores y 62 huesos en las extremidades inferiores.

El fémur es el más grande (50 centímetros de longitud) y el estribo, el más diminuto (1,8 milímetros). Todo este rompecabezas compone nuestro esqueleto (palabra que deriva de skeletos, desecado, ya que los griegos creían que los huesos humanos eran materia muerta).

Si os gustan los huesos, pues, sean o no en forma de anillo, entonces el lugar más importante a nivel científico relacionado con los huesos es la Sima de los Huesos. la mayor acumulación de fósiles humanos del mundo. Se encuentra en España, concretamente en el norte, en la sierra de Atapuerca. Es un impresionante yacimiento situado en una colina caliza, llena de cuevas y túneles al norte de Ibeas de Juarros, en la provincia de Burgos. Fue descubierto en 1976. La grieta está repleta de huesos humanos atribuidos a los Homo heidelbergensis (considerado el ancestro del Homo neanderthalensis), cuya antigüedad mínima se calcula en unos 300 000 años, es decir, del Pleistoceno medio.

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Una grieta no demasiado grande ni profunda, de apenas 13 metros, alberga nada menos que dos mil huesos pertenecientes al menos a 32 individuos. Aunque se cree que este descubrimiento solo es una pequeña fracción de lo que podría albergar realmente la sima, los restos ya descubiertos representan más del 90 por ciento de los fósiles humanos recuperados del Pleistoceno medio de todo el mundo.

Tal y como señalo en 300 lugares de verdad que parecen de mentira, estos huesos tienen sus propias estrellas mediáticas:

Entre los restos humanos recuperados destacan numerosos cráneos, entre los que se encuentra el cráneo número 5, que es el cráneo de Homo heidelbergensis mejor conservado del mundo y recibe, popularmente, el nombre de «Miguelón» en honor al ciclista Miguel Induráin, que acababa de ganar su segundo Tour. (…) Otros nombres divertidos que han recibido algunos huesos es el de «Elvis», para designar una pelvis, la pelvis más completa del registro fósil, que perteneció a un individuo masculino de 1,75 metros de altura y 95 kilogramos de peso. Una herramienta encontrada entre los restos, una bifaz de cuarcita roja y ocre fue bautizada en 1998 como «Excalibur».
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