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Singularidades extraordinarias de animales ordinarios (XVII): el dragón de Komodo

Singularidades extraordinarias de animales ordinarios (XVII): el dragón de Komodo
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Si algo puede definir al dragón de Komodo es su tamaño y su elevadísimo grado de toxicidad. No en vano, a esta criatura se la denomina “dinosaurio viviente” (aunque no sea un descendente directo de ellos, a diferencia de los pájaros y los cocodrilos). En 1926, W. Douglas Burden, aventurero de profesión, encabezó una expedición para capturar a un espécimen vivo.

Su viaje fue un fracaso, pero inspiró la película King Kong en 1933.

-El dragón de Komodo fue descubierto por científicos occidentales en 1910. Mide 3 metros de largo y pesa hasta 130 kilogramos. Es, pues, el lagarto vivo más grande del planeta. Y también el más grande que se reproduce por partenogénesis.

Son las hembras las que albergan dos cromosomas sexuales distintos: Z para el macho y W para la hembra. Cada uno de los óvulos ZW posee un segundo minióvulo adherido que contiene una copia completa de la información genética de la madre. Ante la ausencia de esperma, ese minióvulo se reabsorbe y “fertiliza” el óvulo principal. El fruto de ello es una pareja de gemelos machos (ZZ) no idénticos.

-Su mordedura es letal y su saliva contiene 15 cepas virulentas de bacterias dañinas. Investigaciones recientes han añadido que también poseen unas poderosas toxinas secretadas en las glándulas de la boca.

Así pues, tras pasar los primeros años de su vida en las cimas de los árboles, el dragón de Komodo se une a un grupo de tierra (habiéndose antes embadurnado con los excrementos de la presa a fin de resultar lo menos apetitoso posible para sus colegas más veteranos), y empieza la cacería: elefantes pigmeos (ya extinguidos), búfalos, ciervos, cabras y lagartos jóvenes.

Pero los dragones de Komodo sólo comen una vez al mes. En ese momento, ingieren tres cuartas partes de su peso corporal. Después se tumban al sol para estimular la digestión y evitar así que la comida se pudra en el estómago.

-El sexo también parece alienígena: los machos practican coitos violentos con las hembras, tratando de dominarlas el tiempo suficiente para introducirle… uno de sus dos penes. Como para fallar.

Son muy inteligentes. Los dragones de Komodo en cautividad reconocen a sus cuidadores y pueden hacer trampas sencillas. Un consejo de Phil Bronstein: vaya siempre bien calzado si hay dragones cerca.

Vía | El pequeño gran libro de la ignorancia (animal) de John Lloyd

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