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La simbiosis con especies de bacterias es lo que podría permitir el sexto sentido magnético de algunos animales

La simbiosis con especies de bacterias es lo que podría permitir el sexto sentido magnético de algunos animales
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La capacidad de las tortugas marinas para regresar a la playa donde nacieron, así como de otros animales que usan el magnetismo para orientarse, podría tener su lugar a una simbiosis con bacterias magnetotácticas.

Es lo que sostiene un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Reino Unido e Israel.

GPS magnético

La intensidad y las líneas del campo magnético varían en la superficie terrestre, lo que puede ayudar en la orientación permitiendo al organismo conocer su ubicación geográfica. Hay dos óxidos de fierro con fuerte magnetismo que se encuentran presentes en organismos animales, la magnetita y la maghemita, incluso se encuentran en el cerebro humano.

Con todo, aún hay un debate sobre cómo sucede todo esto.

Las bacterias magnetotácticas son un tipo especial de bacterias cuyo movimiento está influenciado por campos magnéticos, incluido el de la Tierra. Los animales que detectan el campo magnético de la Tierra incluyen tortugas marinas, pájaros, peces y langostas.

Los investigadores revisan los argumentos a favor y en contra de la hipótesis, presentan evidencia publicada en apoyo que ha surgido en los últimos años, además de ofrecer nueva evidencia de cosecha propia, extraída de las bases de datos genéticas de microbios más grandes, conocida como la base de datos Metagenomic Rapid Annotations, a fin de detectar la presencia de bacterias magnetotácticas que se habían encontrado en muestras de animales.

Así, se descubrió que Candidatus Magnetobacterium bavaricum se presentó regularmente en pingüinos y tortugas bobas, mientras que Magnetospirillum y Magnetococcus ocurrieron regularmente en las especies de mamíferos murciélagos pardos y ballenas francas del Atlántico.

Según uno de los investigadores, Robert Fitak, profesor asistente en el Departamento de Biología de la Universidad de Central Florida, se ignora aún en qué parte del animal vivirían las bacterias magnetotácticas, pero podría ser que estuvieran asociadas con el tejido nervioso, como el ojo o el cerebro:

Estoy trabajando con los coautores e investigadores locales de la UCF para desarrollar una prueba genética para estas bacterias, y planeamos analizar posteriormente varios animales y tejidos específicos, como tortugas marinas, peces, langostas espinosas y aves.

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