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¿Sabemos cómo vuelan las abejas?

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Durante mucho tiempo no lo supimos, y los adeptos de las teorías del diseño inteligente han encontrado en temas como éstos justificación a sus propuestas de intervencionismo divino en el tema evolutivo. Hoy podemos decir que les hemos cerrado una puerta más, gracias a las investigaciones de un grupo del Instituto Tecnológico de California. Utilizando un modelo robótico del ala del insecto y las más precisas técnicas de fotografía digital ultrarápida, se ha desvelado el mecanismo que "utilizan" las abejas. Anteriormente los esfuerzos por dilucidar cómo funcionaba el sistema a partir de los conocimientos en aerodinámica aplicados en aviones y helicópteros, pero con la proliferación de los modelos robóticos se ha conseguido emular el comportamiento del sistema animal con mucha más precisión.

El estudio de cientos de fotografías reveló cosas bastante curiosas. Por principio, cuanto menor sea el insecto, más dificultades aerodinámicas presenta que deben ser compensadas en forma de una mayor frecuencia de aleteo. No es el caso de la abeja: mientras que la mosca de la fruta agita sus alas unas 200 veces por segundo, la abeja acelera hasta las 230 "revoluciones por segundo", lo cual lleva a pensar al equipo de investigación que el proceso de agitar las alas es algo más complicado de lo que a priori se pensó. Detalle del batir de alas de la abeja La razón de esta velocidad anómala es sencilla: las abejas dedican gran parte de sus vuelos a permanecer en suspenso en el aire, ya sea mientras recolectan el polen de las flores, ya sea en maniobras de aterrizaje, en las que el tremendo peso que deben transportar se convierte en una dificultad añadida. Así, cuanto más rápido sean capaces de aletear, tanto más sencillo será para ellas moverse en estacionario. Sería algo así a la técnica del colibrí.

En un intento por esclarecer el mecanismo, los científicos introdujeron a las abejas en un recinto controlado en el que modificaron su "atmósfera" haciendo una combinación de oxígeno y helio que disminuía la densidad del medio. Con esto pretendían observar la reacción de las abejas al mayor esfuerzo al volar, y poder identificar así mejor las claves del movimiento. En vez de aletear a mayor frecuencia, las abejas modificaron su comportemiento ampliando el recorrido de las alas en cada batido, con lo cual conseguían mantener la compostura y el número de batidos por segundo.

Este hallazgo es motivo de satisfacción para el equipo de investigación por dos motivos clave: la posible aplicación de estos conocimientos a la industria aeronáutica, y la demostración una vez más de que los misterios del mundo natural se pueden explicar por medio de la tecnología y la ciencia, y que no es necesario recurrir a la divinidad, ni al diseño inteligente para comprender cada día mejor nuestro entorno.

Vía | livescience

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