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¿Quieres leer las anotaciones auténticas de Charles Darwin?

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Quienes me conocen saben que siento predilección por las Moleskine, los legendarios cuadernos de notas empleado por los artistas e intelectuales europeos de los últimos dos siglos: de Van Gogh a Henri Matisse, de las vanguardias históricas a Ernest Hemingway. Una tradición recuperada por el escritor viajero Bruce Chatwin que los adquiría en una vieja papelería parisina, para llevarlos siempre consigo en la mochila o intercambiarlo con sus amigos escritores como Luis Sepúlveda. Es un fetiche como otro cualquiera.

Pero si al fetichismo de la literatura le sumamos el fetichismo de la ciencia, entonces la combinación es irresistible: “la moleskine” de Charles Darwin.

Por fin al alcance de todos gracias al Museo Americano de Historia Natural en colaboración a la Biblioteca Universitaria de Cambridge y la Biblioteca Charles Darwin, podemos disponer de 330 libros con un total de 174.925 páginas, de las cuales 8.344 tienen anotaciones de Darwin, en línea a través del Proyecto de Manuscritos de Darwin.

Darwin, que como podéis observar tenía una caligrafía terrible, leía con un lápiz en la mano y anotaba en los márgenes de los libros aquellas ideas y reflexiones que le proporcionaba la lectura. Por ello, los volúmenes de su biblioteca particular en Down House, la casa en la que vivió desde los 33 años, están repletos de anotaciones que ahora podemos fisgonear.

La colección se ha realizado con la idea de ayudar a entender cómo Darwin construyó su manera de pensar. Así, por ejemplo, en Principles of Geology de Charles Lyell, el cual fue una de las bases de su teoría, podemos leer en una nota al margen If this were true, adios theory, haciendo referencia a las ideas planteadas por Lamarck. (sí, habéis leído bien, Darwin usaba palabras en castellano fruto de los años que investigó en Suramérica).

David Kohn, director del proyecto, señala:

Lo que tenemos es una mina de oro que se acaba de abrir para su exploración, pero quién sabe qué tesoros se encontrarán. (...) Ahora sabemos que leía a Charles Lyell y John Stevens, y se observa un crecimiento en las notas que defienden la evolución.

Pues eso, todo un fetiche, aunque mucho mejor que un fetiche, porque nos permitirá entender mejor cómo se articuló el avance científico que más ha cambiado el universo intelectual de la humanidad.

Vía | Público

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