Siempre nos han enseñado que la humanidad no empezó a levantar estructuras fijas hasta que abrazó la agricultura en el Neolítico. Pues bien, la realidad acaba de darle la vuelta a esa idea. Atendiendo a la revista Archaeology News, un equipo de buceadores ha encontrado restos de madera trabajada de hace 10.500 años a 20 metros de profundidad en el lago Arendsee, en Alemania—no hablamos de un par de palos sueltos. Entre los hallazgos destacan un poste de 1,60 metros de altura que aún conserva marcas de tala y tablas partidas de hasta 1,30 metros de largo. "¿Es esto tan raro?", te preguntarás.
Pues la verdad es que sí: en el Mesolítico se suponía que las comunidades solo se dedicaban a cazar y recolectar de forma nómada, por lo que encontrar evidencias físicas de que ya modificaban madera a gran escala no es moco de pavo.
La investigación corre a cargo del Landesamt für Denkmalpflege und Archäologie (LDA) de Sajonia-Anhalt. Sus responsables están perplejos, claro. "Nuestros buceadores pudieron recuperar piezas de madera espectaculares, que muy raramente han sobrevivido de esta época", asegura Harald Meller, arqueólogo estatal. En la misma línea se mueve Marcel Weiß, jefe del proyecto, quien señala que están intentando determinar si estas piezas formaban parte de chozas o de alguna otra estructura que, a día de hoy, nos resulta totalmente desconocida.
Madera que vale la pena investigar
Pero la madera no suele aguantar 10.000 años bajo el agua sin pudrirse. La clave de la conservación de esta en concreto está en el fondo geológico del propio lago. El Arendsee no es un lago normal, sino que se asienta sobre un domo de sal subterráneo. Según recogen desde el medio especializado La Brújula Verde, a medida que la sal se disuelve, el lecho del lago se hunde poco a poco. Esto provocó que la antigua línea de costa quedara sumergida bajo una fina capa de sedimentos (en lugar de ser engullida por el lodo de la orilla), creando un entorno casi sin oxígeno que ha preservado la madera a base de bien. Es un congelador del tiempo súper eficaz.
Pero lo que realmente le da chicha al conjunto es la tecnología que se está usando para desentrañar el misterio. Explorar a 20 metros de profundidad sin destrozar un yacimiento tan delicado es un galimatías; de modo que los arqueólogos se han aliado con el Instituto Fraunhofer IOSB-AST. Han desplegado un ROV (un vehículo operado por control remoto) equipado con sonar de alta resolución para escanear el relieve del fondo. Gracias a este robot submarino, pueden mapear el antiguo litoral mesolítico y saber exactamente dónde concentrar las inmersiones futuras.
Si finalmente se demuestra que estamos ante viviendas o espacios habitables permanentes, estaríamos hablando de construcciones que se adelantaron unos 3.000 años a las famosas casas largas de los primeros agricultores centroeuropeos. Eso nos obligaría a reescribir lo que sabíamos sobre los cazadores-recolectores, demostrando que eran mucho más sofisticados y sedentarios de lo que imaginábamos. Habrá que ver cómo avanzan las investigaciones y si logran desenterrar la estructura completa.
Foto: Juraj Lipták, Oficina Estatal de Gestión del Patrimonio y Arqueología de Sajonia-Anhalt
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