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Los poderosos sensores de los vampiros

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El vampiro común (Desmodus rotundus), que se alimenta a base de sangre, tiene en la cara unos sensores térmicos con los que encuentra los vasos próximos a la piel de sus víctimas.

Pueden detectar la fuente de calor a una distancia de hasta unos 20 centímetros, se alimentan una vez al día o cada dos días como mucho.

La capacidad de encontrar los puntos calientes en el cuerpo de los animales mediante fibras nerviosas ubicadas en la cara del animal se conoce sólo en otras tres especies de vertebrados, las tres serpientes (algunas boas, serpientes pitón y un tipo de víbora) que utilizan también sensores de infrarrojo.

Ahora unos científicos de Estados Unidos y de Venezuela han desvelado el mecanismo molecular subyacente de esta capacidad de los Desmodus rotundus, y concluyen que es específica de estos vampiros.

Los murciélagos vampiro han desarrollado sensores de infrarrojo adaptados a un umbral de unos 30 grados centígrados.

Elena O. Gracheva, de la Universidad de California, y sus colegas explican en la revista Nature que los murciélagos vampiro utilizan como sensor de radiación un canal iónico específico que en otros mamíferos actúa como un detector de calor excesivo (más de 43 grados centígrados) que puede ser nocivo.

En los Desmodus rotundus, sin embargo, se ha reducido el umbral de temperatura a unos 30 grados debido a determinadas alteraciones en la transcripción del gen implicado Trpv1; estas modificaciones se expresan exclusivamente en los nervios faciales específicos, explica en Nature el especialista Brock Fenton.

Recuerda, sin embargo, que estos murciélagos chupan en sus víctimas muy poca cantidad de sangre (el equivalente a un par de cucharaditas), por lo que su mordedura, a diferencia de las de la víbora de fosa, no es fatal.

Los dientes afilados y los sensores térmicos alrededor de la nariz para encontrar las venas ayudan a estos murciélagos en su peculiar forma de alimentarse.

El hallazgo de estos científicos,

junto con otros recientes descubrimientos, enriquecen nuestro conocimientos del mundo sensitivo de los murciélagos

Concluye Fenton (Western Ontario University, Canadá).

Vía | ABC Science

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