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Los grillos de la carretera

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Os voy a hablar de cómo es la vida del Anabrus simplex o grillo mormón, bautizado así por el devastador ataque de esa especie a los colones mormones de Utah en la legendaria “guerra de los grillos” de 1848.

Pero dejemos ese acontecimiento. De lo que quiero hablaros es de su vida en la carretera. En el Oeste americano, estos grillos continúan siendo un problema. Se desplazan en bandas migratorias de kilómetros de longitud. Como no vuelan, todos unidos recuerdan a una alfombra negra de proporciones gigantescas.

En su deambular, también cruzan carreteras humanas. Cuando los vehículos pasan por encima de ellas, muchas mueren, pero también provocan que las ruedas patinen.

En Idaho se han llegado a clavar señales de peligro en las carretera. Lo que señalan son “Grillos de la carretera”. Resulta que los insectos en realidad son saltamontes, pero ello no cambia nada sustancial del problema.

Estas bandas, vistas desde lejos, pueden parecernos un ejemplo de organización, algo así como un ejército que no deja títere con cabeza a su paso, como si fueran el Atila de los grillos. Pero no es exactamente así. En realidad se mueven por canibalismo. Lo que parece cooperación en realidad es competencia extrema.

Los grillos eligen su comida con esmero basándose en sus necesidades nutricionales del momento, y a menudo descubren que van cortos de proteínas y sales. Resulta que una de las mejores fuentes de proteínas y sales que un grillo tiene a tiro es su vecino. (…) Si te están comiendo, lo mejor que puedes hacer es intentar alejarte. Pero si también tienes hambre e intentas comer, lo mejor que puedes hacer es alejarte de los que intentan comerte pero también moverte hacia otros para intentar comértelos.

Lo que observamos aquí es un ejemplo de comportamiento emergente, un orden que emerge de forma inesperada e impredecible de interacciones sencillas de los individuos.

Contemplando el enjambre como un tono, podría no ser fácil discernir qué impulsa el movimiento, como tampoco podría uno predecir necesariamente a partir del estudio del conjunto local de reglas que guía el comportamiento de cada grillo (devora a tu vecino y evita que te devore tu vecino) que todo eso acabaría como un tupido enjambre.

Además, en el caso de estos grillos, es mucho más seguro permanecer en el enjambre, a pesar del estrés que supone ir comiendo a los demás a la vez que intentas evitar que te coman, siempre rodeado de enemigos-amigos-enemigos; un lío de bocas; mientras, por el camino, vas zampándote lo que puedas.

Un experimento demostró cuán cierto es esto, cuando instalaron radiotransmisores a algunos grillos. Los que abandonaban el grupo morían pasto de los depredadores, al menos la mitad de ellos, en sólo cuestión de días. Los grillos que se quedaron en la banda identificados con radiotransmisor, no murió ninguno.

Vía | Tráfico de Tom Vanderbilt

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