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El canto de un pájaro VERSUS el ruido de la ciudad

El canto de un pájaro VERSUS el ruido de la ciudad
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El canto del pájaro, además de melodioso, puede llegar a ser muy escandaloso. De hecho, para los que solemos quejarnos del ruido estentóreo que hay en las grandes ciudades, no hay nada como amanecer en mitad de un bosque: el concierto de los animales a veces puede llegar a ser igual de desesperante.

Bromas aparte, los decibelios de la ciudad van en aumento. Tiempo ha pasado desde que saliera a la luz el tratado casi científico de Charles Babbage, con el título Observaciones sobre los alborotos de la calle, en el que estimaba que una cuarta parte de sus capacidades laborales se habían menguado debido a la contaminación acústica de la urbe, y concluía:

Aquellos cuyas mentes están totalmente ociosas acogen la música de la calle con satisfacción, porque llena la vaciedad de su tiempo.

Si Babagge viviera ahora, ya se habría tirado de un sexto piso. O quizá habría recurrido al truco de los pájaros: hacer más ruido.

Es lo que ha descubierto un grupo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC): que los pájaros de ciudad dedican más tiempo a cantar para compensar el ruido ambiente, prestando menos atención a otras tareas como la defensa ante posibles depredadores. Conclusión a la que llegaron después de estudiar a los verdecillos, unas aves colonizadoras de las zonas urbanas de toda Europa

Además, los investigadores han podido comprobar como estos pájaros modifican su comportamiento en función de los días de la semana, concretamente entre los días laborables y festivos. Todo ello ha sido publicado en la revista especializada Behavioral Ecology.

Es algo así como si el vecino de al lado te pone la tele muy alta: como venganza pones tú la música a todo volumen, es una especie de carrera armamentística acústica.

Como explica Mario Díaz, investigador del CSIC, del Museo Nacional de Ciencias Naturales:

estas aves pueden emplear hasta el 60 por ciento del tiempo en cantar a niveles de 70 decibelios (…) a partir de ese nivel empiezan a cantar menos, probablemente porque dedicar más tiempo al canto puede interferir en exceso con tareas tan importantes como estar atento a los depredadores o a otros verdecillos vecinos.

Vía | Muy Interesante

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