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Creando vida como si estuvieras escribiendo código de software

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A principios de la década del año 2000, el biólogo Drew Endy se preguntó por qué la innovación genética no podría parecerse a un juego, a un rompecabezas, a una especie de Tetris en el que todos pudieran participar de forma fácil a fin de crear vida como si estuvieras escribiendo un código de software de ACTG (el acrónimo para los cuatro tipos de bases nitrogenadas que se encuentran en la molécula del ADN: adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T)).

Endy, ya en el MIT, se alió con otras personas que tenían su misma visión de las cosas, como Gerald Sussman, Randy Rettberg y Tom Knight. Todos juntos, poco después, crearon el certamen Internacional Genetically Engineered Machine iGEM: un concurso de biología sintética dirigido a estudiantes de instituto y universidad.

El funcionamiento del premio lo explica en estos términos Paul H. Diamandis en su libro Abundancia:

Su objetivo era crear sistemas biológicos simples a partir de piezas estandarizadas e intercambiables (esencialmente secuencias de ADN con estructuras y funciones claramente definidas) y después hacerlas funcionar dentro de células vivas. Estas piezas estandarizadas, conocidas técnicamente como BioBricks, podían ser tomadas de una base de datos abiertas y accesible a cualquier curioso.

Lo que se pidió en esa primera edición del premio a cinco equipos diferentes es que diseñaran una versión de la bacteria E. Coli que tuviera un resplandor verde fluorescente. Y algunos grupos tuvieron éxito. Se realizaron más equipos, más objetivos (como una vacuna diseñada contra la bacteria responsable de la mayoría de úlceras de estómago).

En 2004, iGEM tuvo cinco equipos que mandaron cincuenta BioBricks potenciales. Dos años después, eran 32 equipos y 724 piezas. En 2010 había llegado hasta 130 equipos que enviaron 1.863 piezas (y la base de datos de BioBrick tiene más de 5.000 componentes.

Bacterias que detectan arsénico en agua, sangre artificial, pantallas LCD compuestas de levaduras, o combustibles de origen microbiano son algunos de los temas que se han desarrollado en previas ediciones del concurso. Una revolución biotecnológica que propicia la dinámica del concurso y los diferentes trofeos que se pueden obtener.

Imagen | dullhunk

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