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Bricobiología al alcance de todos

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En GenSpace, un nuevo laboratorio de bricolaje biológico instalado en un antiguo edificio de oficinas de Brooklyn, Nueva York, un grupo de biólogos de garaje o biopiratas trata de hacer por la biología moderna lo que los piratas informáticos hicieron por los ordenadores: convertir el fanatismo en modernidad.

Ayudados por sitios como OpenWetWare.org, que ofrecen a los profanos acceso a la misma información de la que disponen los estudiantes de doctorado, los biopiratas está reinventando a Frankenstein en la era moderna.

Sus investigaciones son de todo menos de aficionados. Están clonando cepas de la bacteria Escherichia coli para hacerlas resistentes a la radiación, modificando genéticamente bacterias para evitar la malaria y, en uno de los casos, buscando cura para el cáncer usando cosas corrientes como el agua salada y las ondas de radio.

Experimentos como estos son característicos del actual movimiento de la biología “hecho por uno mismo”, ya conocida como bricobiología, un grupo de variopintos del que forman parte artistas, banqueros, empleados de bares y escritores autónomos, muchos de los cuales no han abierto un libro de texto de ciencias desde que estaban en el instituto.

La bricobiología forma parte de un movimiento más amplio de científicos aficionados que, motivados por la posibilidad de compartir recursos a través de Internet, están llevando a cabo investigaciones científicas de alto nivel, como por ejemplo un reactor nuclear.

Los biopiratas han construido centrifugadoras a partir de batidoras de huevos comerciales, microscopios potentes a partir de cámaras web baratas y fotobiorreactores a partir de botellas de soda y bombas de peceras.

GenSpace se denomina así porque es el primer biolaboratorio comunitario sin ánimo de lucro en Estados Unidos.

Situado en un antiguo banco, se parece a un laboratorio de garaje improvisado y transportado al ático lleno de luz de un artista de Brooklyn. Aun así, cuando los miembros empezaron a construirlo, trabajaron con agentes del FBI para elaborar unas directrices de bioseguridad.

Y lo mejor de todo es que hay más laboratorios de bricobiología en preparación, ¿no sería estupendo tener uno cerca al que poder ir a pasar el rato?

Vía | The New York Times

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