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8 cosas que compartimos con los simios que no creíamos compartir (I)

8 cosas que compartimos con los simios que no creíamos compartir (I)
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Durante siglos se ha insistido en diferenciar la mente animal y la mente humana. Sociólogos y antropólogos consideraban que la cultura era algo exclusivamente humano. Hasta mediados del siglo XX, incluso era anatema hablar de mentes animales, así como de instintos humanos.

Lo importante eran las diferencias, no las semejanzas.

Hasta que en 1960 apareció Jane Goodall, una joven prácticamente sin formación científica que empezó a observar chimpancés del lago Tanganica. Por cierto, ahora en España estamos celebrando el 50º Aniversario de su llegada a Gombe.

Por primera vez, gracias a sus observaciones, los simios ya no se revelaron como autómatas torpes y primitivos sino como criaturas con vidas sociales casi tan complejas y sutiles como las nuestras. Y entonces empezaron a derribarse mitos que habían perdurado durante mucho tiempo:

  • SEXO POR GUSTO: San Agustín consideraba a los seres humanos como los únicos que mantenían relaciones sexuales por placer y no sólo para procrear. Falso. Los bonobos tienen sexo para celebrar una buena comida, por ejemplo, o para concluir una disputa o consolidar una amistad.

Muchas de estas relaciones, además, son homosexuales o se mantienen con individuos jóvenes, sin objeto de procrear.

  • FABRICACIÓN DE UTENSILIOS: tampoco somos los únicos capaces de fabricar cosas que luego pueden venderse en la teletienda a las tantas de la madrugada. Los chimpancés moldean tallos de hierba para extraer termitas, o estrujan hojas para obtener agua potable. El antropólogo y mentor de Goodal, Louis Leakey, afirmó extasiado:
  • Ahora debemos redefinir utensilio, redefinir hombre o aceptar que los chimpancés son humanos.

  • TENER CULTURA: Hay muchas definiciones de cultura (incluso actos de barbarie, la telebasura o lo que dice proteger la SGAE pasándose por el forro media docena de importantes derechos civiles), pero si nos limitamos a la capacidad de transmitir los hábitos adquiridos de una generación a la siguiente mediante la imitación, entonces tampoco somos únicos.
  • En la selva Tai del África occidental, los chimpancés han enseñado a sus crías, durante generaciones, a cascar nueces sobre un yunque de roca usando martillos de madera.

    Vía | Qué nos hace humanos de Matt Ridley

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