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Luna azul

Luna azul
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La Luna puede tener muchas formas y tonalidades a lo largo de una misma noche. A veces aparece pequeña y muy brillante. Otras veces, enorme, como un planeta vecino, pero pálida. Otras veces está roja como la sangre y parece un gong. Pero en unas pocas ocasiones, si las condiciones son favorables, la luna puede parecer incluso azul.

Blue Moon, además de ser una preciosa canción, es cómo se denomina a un hecho bastante excepcional aunque escasamente espectacular: que la luna llena aparezca dos veces durante el mismo mes.

Sin embargo, la expresión no puede ser más literal cuando el humo de los incendios forestales o las cenizas producidas por una erupción volcánica ascienden a la atmósfera y se mezclan con gotas de agua. Entonces, la luz de la Luna se filtra por estas gotas de tamaño exacto y se vuelve de color azulado.

Aunque sea azul, la luna no sabe a queso (ni siquiera a queso azul) ni tiene aspecto de queso (menos aún con ojos y boca). La Luna sabe a pólvora, tal y como se comprobó al analizar los restos de polvo lunar adheridos a las cabinas de las naves que han viajado al satélite. Y más bien tiene aspecto de nieve, pues en gran parte está formado de cristal de dióxido de silicio.

El mito de que la Luna era de queso se formó en el siglo XVI y la primera mención de ello se encuentra en los Proverbs de John Heywood (1564), donde se dice “la Luna es de queso verde”.

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