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La experiencia de contemplar la bomba del arco iris

La experiencia de contemplar la bomba del arco iris
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A menudo me he deleitado con el color y la textura del cielo, el olor al amanecer o al anochecer, el silbido del viento, la tensión de la telaraña que decoraba una esquina del paisaje, las diferencias cromáticas en las puestas de sol, cuando el cielo parece teñido de sangre, y un largo etcétera.

Sin olvidarme, claro está, de los arco iris, que os puedo asegurar que, una vez entendido científicamente cómo se forman, aún adquieren mayor magnificencia, tal y como demuestra Richard Dawkins en su obra Destejiendo el arco iris.

No debéis confundirlos, no obstante, con las llamadas bombas del arco iris, que no es un fenómeno natural sino artificial. Esta clase de fenómenos son producto de las detonaciones de bombas nucleares a gran altura, cerca de los límites del espacio exterior, proyecto al que el ejército norteamericano bautizó como Starfish Prime.

Durante los primeros años de la Guerra Fría, se detonaron un total de 20 bombas termonucleares de este tipo para estudiar sus efectos en caso de guerra nuclear. Uno de los efectos secundarios, además de los consabidos, entre los que se encuentran la inutilización de los aparatos electrónicos que se encuentren dentro de su radio de acción, es la generación de una especie de unas auroras boreales muy coloridas que recuerdan a un arco iris.

La única que se ha contemplado por ojos humanos, sin embargo, es la que se generó la noche del 9 de julio de 1962 a unos 400 kilómetros de altura sobre el Océano Pacífico. Además de que a muchos hawainos se les petrificó el “aloah” en los labios y sus aparatos de radio y televisión dejaron de funcionar, sobre sus cabezas contemplaron los efectos lumínicos que una bomba termonuclear de 1,5 megatones era capaz de pintar en el cielo.

Fue la primera y única vez que se atisbó este fenómeno atmosférico (y crucemos los dedos para que sea así), pues a tenor de los peligros que podrían entrañar estos ensayos tanto soviéticos como norteamericanos decidieron firmar los Tratados de Prohibición de Pruebas Nucleares en el Espacio. No obstante, la próxima vez que diviséis una aurora boreal o un arco iris, pensad por un segundo si no estaréis asistiendo a los primeros colores de una guerra nuclear.

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