Cosas que probablemente no sabías del metódico, maniático y genial Charles Babbage, el padre de la informática moderna (II)
22 de enero de 2013 | 21:38 CET

Seguimos con las curiosidades sobre Charles Babbage, iniciado en la anterior entrega de esta serie de artículos:
Los que gozan de tiempo libre difícilmente podrían encontrar una actividad más interesante e instructiva que el estudio de los talleres y fábricas de su propio país, que contienen en su interior una auténtica mina de conocimientos, demasiado desatendidos en general por las clases más acomodadas.
Se convirtió en todo un experto en la manufactura de los encajes de Nottingham; y también en el uso de la pólvora en las canteras de caliza; en el corte de precisión del vidrio con diamante; y en todos los usos conocidos de maquinaria para producir energía, ahorrar tiempo, y efectuar comunicaciones de señales. Analizó prensas hidráulicas, bombas de aire, contadores de gas, y terrajas. Al final de su gira sabía más que cualquier otra persona en Inglaterra sobre la fabricación de alfileres. Su conocimiento era práctico y metódico. Calculaba que medio kilo de alfileres necesitaba el trabajo de diez hombres y mujeres durante al menos siete horas y media, tensando, enderezando y afilando el alambre, enroscando y cortando las cabezas de los rollos, estañando y blanqueando el producto, y finalmente envolviéndolo. Calculó el coste de cada fase en millonésimas de penique. Y anotó que todo este proceso, una vez perfeccionado, tenía los días contados: un americano había inventado una máquina automática para realizar la misma tarea más deprisa.
En dos ocasiones me han preguntado: “Perdone, señor Babbage, si mete usted en la máquina cifras equivocadas, ¿saldrán las respuestas correctas?” En una ocasión me planteó la cuestión un miembro de la Cámara Alta y en otra un miembro de la Cámara Baja. Realmente no soy capaz de entender qué tipo de confusión de ideas pudo inducir a nadie a hacer semejante pregunta.
Pero hubo una persona que sí entendió las implicaciones de la máquina de Babbage. Hasta el punto de que quizá estaba más entusiasmado que el propio Babbage respecto a su construcción. Esa persona era una mujer, la hija del poeta más excéntrico de la época: Lord Byron. Su nombre: Ada Lovelace, la primera programadora informática de la historia. Os hablaré de ella en la siguiente entrega de esta serie de artículos sobre Babbage.