Cuando antes veía a un náufrago pasándolas canutas, muerto de sed pero rodeado de agua salada, en las películas siempre se decía que, pase lo que pase, nunca saciaras tu sed con el agua del mar. Si lo hacías, tal vez notarías cierta saciedad, pero entonces no tardarías mucho en morir. En las películas nunca explicaban la razón de esa ley, aunque parecía una ley intocable.
Vamos a explicar por qué.
Imaginaos es que estás flotando sobre una madera en mitad del mar. Tenéis la boca seca. Os rodea todo el agua (salada que podáis imaginar). El mar es de un azul insultante. El mar es azul porque refleja el color del cielo. A veces, el mar se presenta verdoso debido a diminutas algas que componen el fitoplancton, las cuales son verdes como todas las plantas que realizan la fotosíntesis. Y entonces, cedéis al impulso y empezáis a beber agua del mar.
