
La Vía Láctea no estuvo formada siempre por un gran disco central del que surgen dos largos brazos curvos repletos de estrellas, polvo y gas, tal y como ahora la conocemos. En un principio, su forma era otra, más parecida a una galleta alargada que a una espiral pero algo la hizo cambiar.
Astrónomos norteamericanos creen que la causa fue el choque con la galaxia de Sagitario, una enana elíptica, que se abalanzó (cargada de materia oscura) un par de ocasiones contra la nuestra en los últimos 2.000 millones de años.
Los investigadores aseguran que “no hay dos sin tres“ y que pueda volver a suceder de nuevo.

A principios de 2006 fue descubierta una galaxia satélite de la Vía Láctea, a la que se llamó Virgo por su ubicación en dicha constelación. Paradójicamente, su gran tamaño y su proximidad la habían mantenido oculta hasta la fecha.