feed

Imposturas intelectuales

Esos sobrados intelectuales de humanidades y sus imposturas intelectuales

32 comentarios

Hay algo peor que un intelectual que desdeña las ciencias naturales. Un intelectual que finge saber de ciencia y preña su discurso de impostura, ininteligibilidad y una buena colección de palabrejas que han sido tomadas prestadas del ámbito científico.

A esta ralea pertenecen autores que los intelectuales de ciencias sociales y humanidades veneran (precisamente porque no entienden ni una palabra de lo que escriben: fuera de la ciencia, se aplaude al que resulta hermético y adolece de claridad expositiva, pues ello es signo de sabiduría), como Lacan, Derrida, Baudrillard, Feyerabend o Deleuze.

Una panda de impostores impostados que van de Einstein cuando probablemente no saben cuál es el segundo principio de la termodinámica.

A fin de desenmascarar toda esta pamema orquestada por pedantes, Alan Sokal, un brillante físico francés, invirtió parte de su tiempo en escribir cosas como la siguiente:

Leer más

Anunciate aquí
Anunciate aquí

Engaños y errores intencionados en libros de ciencia y enciclopedias técnicas (I)

3 comentarios

El engaño o error deliberado más divertido de la historia de la ciencia sea posiblemente el que Isaac Asimov urdió al escribir el revolucionario trabajo académico Propiedades Endocrónicas de la Tiotimolina Resublimada.

Se publicó en la revista Astounding Science Fiction, y poseía hasta de su breve bibliografía al final del artículo. Muchos estudiantes habían intentado consultar esta bibliografía de autores inventados en la biblioteca de varias facultades.

El artículo trataba sobre una sustancia capaz de disolverse en agua un instante antes de entrar en contacto con el agua, como si se adelantara al hecho causal, desafiando las leyes del continuo espacio-tiempo.

Leer más

Anunciate aquí

La inmoralidad de profesar una fe (y II)

41 comentarios

Otro aspecto que habría que añadir a esta clase de fe basada en intuiciones o sensaciones, mitos y leyendas, es que no precisa de sentido crítico alguno, es impermeable al cuestionamiento sistemático. Es decir, muchos de nosotros podemos creer que la teoría del Big Bang puede ser provisionalmente cierta. Pero estamos dispuestos a admitir que es errónea en cuanto nos presenten una teoría alternativa más sólida o alguna prueba de que el Big Bang no pudo producirse sin violar todas y cada una de las leyes de la naturaleza que ya hemos ido acabalando mediante pruebas y errores.

Es relativamente fácil que un científico o un escéptico recule sobre sus ideas, no así un religioso. El científico asume que sus ideas son provisionales y anhela encontrar otras ideas provisionales mejores. El religioso considera que sus ideas son únicas, intocables y dignas de respeto incluso por quienes no profesan su credo.

Por último están los intelectuales de las ciencias sociales, que consideran que todo es relativo, porque nada puede saberse con seguridad. Lo cual es una falacia epistemológica, como bien demuestran textos imprescindibles como Imposturas intelectuales, de Sokal y Bricmont. Es evidente que nadie puede saber con el 100 % de seguridad si una cosa es cierta o no, pero en ciencia sí que pueden establecerse grados de veracidad a ciertos fenómenos. El grado suficiente como para poder gestionarlos y relacionarlos con la realidad que nos rodea.

Leer más

Anunciate aquí

WSL Weblogs SL