
Hoy en día, con nuestros telescopios de enormes espejos, incluso con satélites que escudriñan los confines del universo visible, nos parece inconcebible que hubiera una época en que la observación del universo sólo se podía llevar a cabo con nuestros propios ojos. Sin embargo, así fue durante la mayor parte de la historia de la humanidad.
Fallecido en misteriosas circunstancias el 24 de octubre de 1601, apenas ocho años antes que Galileo apuntara por primera vez un telescopio al cielo, Tycho Brahe se considera el último gran maestro de la observación astronómica a simple vista.

