Un escaneo de lo que ocurría cada mañana en mi cuerpo cuando salía entrenar en bicicleta podría resumirse de la siguiente manera: me monto en la mountain bike, pongo en marcha mi reproductor de mp3 para dejarme envolver por la música y empiezo a pedalear lentamente por el paseo marítimo.
El sol me baña con su luz, el mar está tan espejado como una de esas bolas horteras de las discotecas de los años 80, las cosas se desplazan cada vez a mayor velocidad, quedándose siempre atrás, como si mi bicicleta fuera una máquina para viajar al futuro, y mi provenir estuviera instalado en el horizonte.
Entonces, a los pocos minutos, se activa el sistema nervioso simpático, las glándulas suprarrenales segregan adrenalina, el corazón late más deprisa, aumenta la ventilación pulmonar, el metabolismo se acelera, la presión sanguínea se eleva, las arterias musculares se dilatan para multiplicar su riego sanguíneo, el hígado libera más glucosa.

Puestos a imaginar hazañas imposibles, no puedo olvidarme de los cálculos que leí en la edición de octubre de 2008 de la revista Popular Science sobre lo que se tardaría en cubrir un año luz de distancia (o sea, los kilómetros que recorre la luz en un año) yendo simplemente a pie.
Biotecnólogos de la compañia neozelandesa ViaLactia han identificado una vaca, que produce leche con un contenido muy bajo de grasas saturadas; en otras palabras, la vaca produce leche desnatada de manera natural.