¿El exceso de estrés puede debilitar nuestro sistema inmunológico?

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Es ya una idea popular que pasar por épocas de demasiado estrés psíquico debilita nuestro sistema inmunológico, favoreciendo las infecciones oportunistas, desde un resfriado común hasta los tumores de origen vírico. Una idea, por supuesto, que alimenta la idea de que las enfermedades tienen un origen psicosomático y que, además de a los médicos, hay que hacer caso a psicólogos o, incluso, a gurús que nos permitan alcanzar el estado zen.

Pero ¿hasta qué punto esta idea es verdadera? ¿Hasta qué punto la hormona del estrés, la cortisona, al circular pues nuestras venas pueden dejarnos inermes ante la enfermedad?

Si bien la psiconeuroinmunulogía es una disciplina que ha nacido con mucha publicidad y apoyo social, está fundada sobre bases muy discutibles metodológicamente, investigaciones deficientemente diseñadas y generalizaciones insostenibles.

Es lo que sostienen los inmunólogos L. Hodel y P. J. Grob, del hospital universitario de Zúrich, tras examinar 67 estudios empíricos que trataban de determinar la influencia de los factores psíquicos sobre las defensas orgánicas y el estado general de la salud. A 40 de estos estudios, por ejemplo, les faltaba el grupo de control; a otros 19, la muestra estudiada era demasiado pequeña.

Las condiciones de estrés cuyos efectos pretendían establecer los estudios, iban desde el miedo de los estudiantes ante el examen hasta el duelo por la pérdida de un ser querido, pasando por la fatiga de los cuidadores de enfermos de Alzheimer y la de los astronautas al retorno del viaje espacial. Lo que se trataba de medir en la mayoría de los casos: si las tribulaciones vividas habían deprimido la respuesta del sistema inmunológico. Pero también eran defectuosos los estudios en este punto, al utilizar parámetros obsoletos que ya no tienen curso en la inmunología moderna, precisamente por ser poco significativos.

Con los datos que ha suministrado la psiconeuroinmunología hasta la fecha, resumen Hodel y Grob, lo mismo podríamos defender la tesis contraria, es decir: “el estrés fortalece el sistema inmunológico y ayuda a evitar la aparición de enfermedades.”

Incluso se va imponiendo cada vez más la idea de que un estrés físico permanente e incontrolable puede llevar a la optimización de las conexiones del sistema nervioso. El estrés, pues, ya no es considerado como algo tóxico para el organismo. Desde un punto de vista biológico parece improbable que las consecuencias de un fenómeno tan universal como el estrés sean exclusivamente negativas: si así fuera, la evolución habría erradicado de manera infalible una debilidad tan evidente.

Incluso la cortisona podría ser vigorizante: a más cortisona, menor probabilidad de padecer alergias y asma, como demostró la psicóloga Angelika Buske-Kirschbaum de la Universidad de Tréveris midiendo los niveles hormonales de 150 niños y adultos hospitalizados.

El estrés también sería positivo para el cerebro.

Este nuevo punto de vista explica un fenómeno conocido desde hace tiempo. Cuando los animales de laboratorio son sometidos a un estrés permanente, algunas células nerviosas entran en un proceso de “hibernación”: retiran una parte de sus dendritas y desconectan las sinapsis.

Pero esto no implica lesión cerebral. La estructura cerebral se hace más plástica. Se disuelven algunas pautas viejas y se crea espacio para nuevas ideas y conexiones.

Vía | Falacias de la psicología de Rolf Degen

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