Dormir mal nos predispone a contraer enfermedades

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Cuando viajamos a otro continente en avión y sufrimos jet lag, estamos en una situación delicada frente a las enfermedades (sobre todo gripes, resfriados y otras infecciones). Nada tiene que ver el avión ni el nuevo continente, sino el cambio horario, el haber dormido mal o a deshoras, que debilita nuestro sistema inmune.

Es lo que sugiere un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale y publicado en la revista Inmunity. De él se desprende que la eficacia del sistema inmune de nuestro organismo depende de su ciclo circadiano de 24 horas, es decir, del reloj biológico. Es decir, que a ciertas horas del día somos más vulnerables al ataque de los virus y las bacterias.

Se sabe, por ejemplo, que entre las 02:00 y las 06:00 de la madrugada las infecciones son más graves y el riesgo de mortalidad resulta mayor, sobre todo en unidades de cuidados intensivos (UCis) de los hospitales. Evitando la luz artificial para respetar el sueño de los enfermos en estas unidades, así como eliminando el ruido a ciertas horas, podrían evitarse muchas complicaciones, tal y como ha señalado el autor del estudio, el epidemiólogo Erol Fikring:

La gente sabe intuitivamente que, cuando alteran sus patrones del sueño, por ejemplo porque se despiertan a media noche o porque se acuestan muy tarde, están más predispuestos a enfermar.

Investigadores de la Universidad de Warwick (Reino Unido), en colaboración con la Facultad de Medicina Federico II, en Italia, han descubierto que las personas que duermen menos de seis horas cada noche son un 12 por ciento más propensas a fallecer de muerte prematura que aquellos que descansan cada noche entre las seis y ocho horas recomendadas.

Dormir demasiado o dormir poco incrementa tres veces el riesgo de afección coronaria en menores de 60 años, según la Academia Americana de la Medicina del Sueño. Si dormís menos de 5 horas al día, pues, buscad un remedio. Si dormís más de 9 horas, también. Se ignora la razón exacta, pero se sabe que la duración del sueño afecta a diversas funciones endocrinas y metabólicas relacionadas con la tolerancia a la glucosa, la sensibilidad a la insulina o la hipertensión, lo que puede originar el endurecimiento de las arterias.

Vía | Muy Interesante

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