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Se dice que ahora comemos peor que antes. Irónicamente lo dicen en mayor proporción personas con el suficiente poder adquisitivo como para permitirse comprar alimentos ecológicos.

Partiendo de que la premisa el “alimento ecológico” no es mejor (no es más barato, no es más nutritivo, no tiene necesariamente menos impacto ecológico, incluso no sabe mejor: lo que hace que sepa mejor no es su origen “ecológico”), además hemos de recordar que hasta hace muy poco nuestra dieta era indiscutiblemente peor en todos los sentidos. Para indagar en este tema, os recomiendo el libro del doctor en Bioquímica y Biología Molecular J. M. Mulet Los productos naturales, ¡vaya timo! .También podéis leer otros artículos de Xataka Ciencia como ¿Alimentos orgánicos? No son más sanos, aunque sí más caros o ¿Los productos orgánicos son un mal negocio?

Solo la abundancia de este último siglo nos permite ser lo suficientemente delicados como para quejarnos de que comemos alimentos en exceso procesados o con demasiadas grasas y azúcares.

La dieta actual, por supuesto, es mejorable y no debe quedar nunca exenta de críticas. Pero tampoco hay que olvidar que la falta de frutas y verduras frescas durante los largos meses de invierno ha implicado que, durante la mayor parte de nuestra historia, los europeos del norte estuvieran desnutridos la mayor parte del año de acuerdo con los estándares modernos.

Incluso si nuestra comparación se establece en una época más cercana, como 1970, por ejemplo, podemos asegurar que, en general, nuestra dieta es mejor ahora que antes. Tal y como señala el filósofo Julian Baggini al referirse a aquella época en su libro La queja:

Los cereales para el desayuno eran muy azucarados, como Frosties, o con un escaso valor nutricional, como Corn Flakes o Rice Krispies. Hoy en día, hay más cereales con un alto contenido en fibra, e incluso los más dulces han limitado el contenido de sal y azúcar. Luego tenemos el pan, que era aún peor que en los días de Orwell. El pan blanco “de plástico”, en rebanadas, causaba furor, y en la mayoría de los hogares no habían oído hablar del pan integral. Hoy en día buena parte del pan sigue siendo terrible, pero al menos se ha extendido el pan integral, y las panaderías de los supermercados han vuelto a poner de moda el consumo de pan fresco. La variedad de frutas y verduras disponibles era muy limitada, y un “kiwi” seguía siendo una forma grosera de referirse a un homosexual neozelandés. (…) La sopa deshidratada Knorr era muy popular pero tan solo se trataba de cubitos de caldo que se disolvían en agua caliente y se servían como parte de una dieta aparentemente completa. El zumo de naranja exprimido por la mañana se consideraba un lujo, y muchos preferían comprar una naranjada en polvo. Incluso la eterna favorita, la patata, fue despachada sin contemplaciones cuando el puré de patatas instantáneo alcanzó la cima de su popularidad.

Eso no significa que todo lo actual sea mejor que antes, pero, si hacemos balance, el fiel de la balanza debería inclinarse hacia lo actual. Hay más niños obesos ahora que antes, pero probablemente también son más obesos porque los hábitos sociales han cambiado. Hay más McDonalds, por supuesto, pero también más alternativas al McDonalds.

Sigue Baggini:

Denunciar que nuestros problemas dietéticos actuales son el resultado de una pérdida de contacto con un saludable pasado mítico es una queja nostálgica de la peor especie, porque identificar erróneamente la fuente del problema nos ciega a la hora de hallar las soluciones óptimas y con miras de futuro.

Naturalmente, tenéis los comentarios para impugnar o matizar esta postura.

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