Sexualidad infantil y concursos de belleza

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A rebufo de un artículo recientemente publicado en Bebés y más, desde Xataka Ciencia queríamos aportar nuestro granito de arena.

El sexo forma parte del ser humano, desde sus inicios hasta el final de sus días. Incluso antes de nacer, un feto varón puede tener erecciones como la manifestación del gusto que siente al “tocarse” o al chuparse su mano. Cuando son bebés, la erección es una reacción normal al tacto, y sucede cuando los aseamos, con el cambio del pañal o al lactar, por ejemplo.

El sexo, pues, es algo natural y no hay motivos lógicos para restringirlo, siempre que haya buena información y exista una relación sana con el mismo. Sobre todo llegado a la etapa adolescente. Por ejemplo, los sociólogos Peter Bearman, Richard Urdí, Barbara Entwisle y Kathleen Harris pusieron la investigación más importante y gigantesca a propósito de la sexualidad juvenil, el Add Health Study (Estudio de la Salud de los Adolescentes), que todavía no ha concluido, y en la que colaboran nada menos que 90.118 alumnos de 145 institutos repartidos por el conjunto de Estados Unidos.

Lo que de momento se ha descubierto en dicho estudio es que el número de amigos, la edad y el género de esos amigos y sus resultados académicos modifican la fecha de iniciación en la actividad sexual, y no la educación de los padres. Esto sucede porque los adolescentes empiezan a competir sexualmente con sus semejantes (otros adolescentes), y por tanto se pliegan a las normas reinantes entre los adolescentes: los hijos no intentan prosperar en el nicho social adolescente al que pertenecen y los padres no tienen nada que aportar ahí.

El famoso estudio Colorado Adoption Project, que estudió las vidas de 245 bebés en adopción, no encontró apenas ninguna correlación entre los rasgos de la personalidad de los niños y los de sus padres adoptivos, como si los niños vivieran inmunes a la influencia paterna y ya estuvieran predestinados a desempeñar un papel que acaso modificaran en base a sus amigos y compañeros de clase.

Por eso en la adolescencia es cuando generalmente se forja el ser adulto. Pero ¿y la infancia?

Tal y como sugieren psicólogos como Steven Pinker y Judith Harris, durante la infancia, los padres no deben obsesionarse con moldear a sus hijos (imponiendo lecturas, poniendo a Mozart en la radio, etc.). La mayoría de padres que poseen muchos libros en casa y que se preocupan de que sus hijos se aficionen a la lectura tienden a ser individuos inteligentes, inquietos y aficionados a la lectura. Esos rasgos son en cierta medida hereditarios. De modo que sus hijos nacerán predispuestos para ello y el que los padres hagan el esfuerzo extra de inculcar lo que ya potencialmente está inculcado en ellos no será más que reiterativo.

Es decir, que en cierto modo, los padres no tienen que exagerar sus funciones. En gran parte, los padres son como la vitamina C. No sirve de nada aumentar la dosis; lo preocupante es que no exista vitamina C. Los padres tienen que servir de apoyo y respaldo. Para un análisis más profundo sobre este tema, recomiendo La tabla rasa, del psicólogo cognitivo Steven Pinker, y El mito de la educación, de Judith Rich Harris: descubriréis que la forma en la que sois hoy en día es la suma de los genes de vuestros padres y el comportamiento de los adolescentes contra los que competíais para tener novia cuando erais adolescentes.

No obstante, como se ha dicho, la carencia de vitamina C es importante. Esa carencia puede traducirse, por ejemplo, en un hogar desestabilizado o un padre maltratador. Y también en una madre que vuelque sus frustraciones u obsesiones en su hija de 8 años a fin de que consiga ganar los premios de belleza de su condado (¿Habéis visto Pequeña Miss Sunshine?). Para minimizar el impacto emocional de padres inconscientes que convierten a sus hijos en versiones pequeñas de la última Miss Mundo o Lady Gaga, pues, hay que contruir marcos sociales donde tales actitudes no prosperen.

Tal vez prohibiendo los concursos de belleza para menores o los espectáculos similares. Tal vez restringiendo el uso de actrices o modelos de fotografía menores para fines sexualizados. Para, al menos, frustrar los intentos de determinados padres de hipersexualizar a sus hijos como medio para obtener fama, dinero y reconocimiento social.

Más información | Hipersexualización de la infancia: cuando los niños crecen antes de tiempo

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