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Algunos apuntes para recordar que el pasado era una mierda

Algunos apuntes para recordar que el pasado era una mierda
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El pesimismo encuentra un gran acomodo en todas las clases sociales porque alimenta nuestra natural tendencia a desconfiar de lo nuevo, de los avances de cualquier tipo. Cuando envejecemos, olvidamos con frecuencia que los males que hoy en día denunciamos acostumbraban a ser iguales o peores cuando éramos jóvenes.

Además, nuestro cerebro tiende a limar las asperezas del pasado, a contemplar más sus virtudes que sus defectos, a medida que transcurre el tiempo. Precisamente por ello, nos hace más felices comprar experiencias (viajes, cenas, etc.) que objetos. Porque los objetos cada vez son más viejos, pero las experiencias cada vez adquieren más connotaciones positivas, se convierten en recuerdos duraderos que, nada más evocarlos, nos producen satisfacción.

El trabajo realizado por los psicólogos Leaf Van Boven y Thomas Gilovich para respaldar esta hipótesis lo podéis leer en ¿Qué deberíamos comprar para ser más felices?

Con todo, el pasado nos seguirá pareciendo un lugar edénico. En parte, tal y como señala el filósofo Joseph Heath en Rebelarse vende: «un exotismo que evocaba la figura de la mujer ancestral enarbolada por el naciente feminismo cultural y una mentalidad ecológica que parecía diametralmente opuesta a los valores occidentales del dominio y la explotación de la naturaleza».

Pero el pasado era oscuro y decadente, y vivir en el campo era peligroso y fuente de continuos problemas: quien soñase con vivir en la Edad Media, cambiaría rápidamente de opinión si oliera el aliento de una niña o tuviera que vérselas con un dolor de muelas (os recomiendo la lectura de la novela El Libro del Día del Juicio Final de Connie Willis para una dosis masiva de realidad medieval).

O quizá escampe algunas dudas una cita de Matt Ridley en El optimista racional:

El índice de mortalidad de la guerra típico de muchas sociedades cazadoras-recolectoras (0,5% de la población al año) equivaldría a dos mil millones de personas muertas en el siglo XX (en lugar de cien millones) (...) El infanticidio era un recurso común en tiempos difíciles. Las enfermedades estaban también siempre cerca: la gangrena, el tétanos y muchos tipos de parásitos habrían sido grandes asesinos. ¿Mencioné ya la esclavitud? Era común en el noroeste del Pacífico. ¿El maltrato de esposas? Rutina en Tierra del Fuego. ¿La falta de jabón, agua caliente, pan, libros, películas, metal, papel, tela? Cuando conozcan a una de esas personas que llegan al extremo de afirmar que preferirían haber vivido en una edad antigua, supuestamente más placentera, sólo recuérdenles las instalaciones sanitarias del Pleistoceno, las opciones de transporte de los emperadores romanos o los piojos de Versalles.

Si queréis más argumentos para certificar que el pasado era una mierda, no os perdáis la lectura de este interesante artículo en La pizarra de Yuri.

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