Los exclusivos y fascinantes clubes fundados por científicos para científicos (y III)
01 de febrero de 2013 | 16:07 CET

Seguimos descubriendo clubes de científicos para científicos la tercera entrega de esta serie de artículos:
A lo largo de todo el año 1996, los miembros de dicho club celebraron sus reuniones en distintos lugares: restaurantes chinos, apartamentos de artistas, salas de juntas de diversas entidades bancarias, salones de baile, museos y cuartos de estar privados, entre otros. (…) El Club de la Realidad nació como un intento de reunir a aquellas personas dedicadas a la exploración de los temas fundamentales de la era postindustrial.
Fue necesaria una dosis considerable de discusión para decidir el nombre, las normas de admisión, la sede de la asociación, y el emblema. Bates quería a biólogos con tendencias favorables a la electricidad y a ingenieros orientados hacia la biología, y sugirió que el club estuviera formado por “unas quince personas que tuvieran ya las ideas de Wiener antes de que apareciera su libro”. (…) Sus cronistas, Philip Husbands y Owen Holland, que entrevistaron a muchos de los socios que aún sobreviven, señalan que la mitad pronunciaban el nombre “Ray-shi-oo” y la otra mitad “RAT-i-oo”. A la primera reunión invitaron a Warren McCulloch.

El club se componía de dos grupos: los que estaban interesados en las maquetas y el paisajismo, y los que componían el Subcomité de Señales y Energía y que crearon los circuitos que hicieron que funcionaran los trenes. Estos últimos se encontraban entre los que popularizaron el término “hacker”, entre otros muchos términos de argot, y que terminaron pasándose a los ordenadores y a la programación. En un principio fueron atraídos hacia IBM 704, el multimillonario ordenador central que funcionaba en Building 26, pero el acceso y el tiempo dedicado a ese ordenador estaba restringido a gente más importante. El grupo comenzó realmente a relacionarse con ordenadores cuando un antiguo miembro, Jack Dennis, les presentó el TX-0, un ordenador de 3 millones de dólares en préstamo a largo plazo del Laboratorio Lincoln. Por lo general, vigilaban el lugar donde estaba alojado el TX-0 hasta tarde por la noche, con la esperanza de que alguien tuviera tiempo asignado con el ordenador no apareciera.