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Nuestra relación con el mar, la mar, los océanos

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Según dicen muchos expertos, el sector de la pesca, cada día más vibrante y sofisticado, ha dejado los océanos del mundo hechos un desastre; algunas especies de bacalao, tiburón, atún y otras prácticamente se han extinguido, y grandes extensiones del fondo marino han quedado destruidas por los barcos que practican la pesca del arrastre.

Pero, según otros, muchas reservas que se encontraban mermadas están recuperándose magníficamente.

Ray Hilborn, científico de la Universidad de Washington especializado en pesca, aborda esta discrepancia en su nuevo libro, titulado Overfishing (Sobreexplotación pesquera), y ofrece una explicación lógica sobre un asunto enrevesado.

Ambos argumentos contienen algo de verdad. Depende de dónde miremos. Si queremos, podemos crear una historia de horror tras otra, o pintar un paisaje de éxitos continuos

Escribe en su libro.

Así pues, ¿qué es la sobreexplotación pesquera? Según el libro, existen varias respuestas.

Por un lado está la pesca excesiva de rendimiento óptimo, en la que la gente captura tantos peces que quedan pocos por desovar o atrapa muchos antes de que crezcan.

Luego está la pesca excesiva económica, en la que los beneficios son menores de lo que podrían ser. Por ejemplo, si demasiados barcos persiguen a unos pocos peces, la pugna por una buena captura provoca un gasto excesivo en barcos y combustible.

Hilborn nos habla de pescas que prosperan (como el sector del abadejo en Alaska) y de reservas de peces que han vivido dificultades pero las han superado, como el abadejo del mar de Bering.

El autor también trata el tema de la pesca de arrastre, en la que los barcos lanzan redes con pesas y se llevan todo lo que encuentren a su paso. Sus detractores comparan esta modalidad con la tala rasa. Para Hilborn, esta analogía no siempre es oportuna, ya que en algunas zonas, las criaturas repueblan rápidamente el fondo del océano.

La lección es que la ciencia pesquera es complicada, que la gestión de cualquier especie debe tener en cuenta su ecosistema, que la pesca de una especie altera la cadena alimentaria en su conjunto y que a veces no se dispone de datos suficientes para realizar buenas recomendaciones.

Recabar datos puede resultar caro, y muchos países lo hacen mal. Es más, alrededor de un 20% de las capturas que se realizan en todo el mundo se consiguen de forma ilegal.

Casi todos los pescadores me han contado historias de grandes capturas logradas burlando alguna norma

Señala Hilborn.

¿Hay alguna esperanza de controlar la pesca de altura? Desde luego, si no podemos crear políticas de protección para esta “cosecha“, acabaremos pagándolo todos.

Vía | The New York Times

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