Una de las criaturas más raras del mundo: Symbion Pandora

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En 1995 Peter Funch y Reinhardt Møbjerg Kristensen, de la Universidad de Copenhague, descubrieron un animal tan diferente de cualquier otro que tuvieron que crear un nuevo filo sólo para él, una categoría taxonómica llamada Cycliophora.

La criatura se denomina Symbion Pandora (no, no sale en Avatar), y es un diminuto animal de sexo indefinido que vive anclado en las partes externas de la boca de langostas marinas noruegas, alimentándose de los restos de comida que se le escapan al crustáceo. Tiene medio milímetro de longitud y forma de botellita.

Pero no hay nada parecido en el mundo. Sobre todo si hablamos de su sistema de reproducción, tan enrevesado que dejaría al Kama Sutra como un libro infantil, y su ciclo vital, que deja en ridículo la palabra metamorfosis.

El Symbion Pandora produce tres clases de descendencia: larvas “Pandora”, larvas “Prometeo” y larvas hembra.

Larvas “Pandora”: el nombre se debe a la apariencia del progenitor, lleno de protuberancias y a punto de estallar, como la caja de Pandora de la mitología griega. Estas larvas se enganchan en la boca de la misma langosta, hasta convertirse en adultos. Así pues, en un caso más de reproducción asexual.

Larvas hembra: permanecen dentro del adulto que la produjo a la espera a un macho.

Larvas “Prometeo”: se fija a un adulto y entonces produce dos o tres machos dentro del mismo. Estos machos enanos, que son internamente incluso más complejos que los otros estadios de esta criatura, buscan la hembra que hay dentro y la fertilizan (es decir, tienen sexo con hembras que aún no han nacido). Se cree que los machos tienen pene, pero todavía no se conoce del todo bien el mecanismo de acoplamiento: ¿una mini hipodérmica?. Lo que es seguro es que un macho enano acaba fecundando a la prima de su madre.

Una vez que las hembras son fertilizadas, abandonan el cuerpo del adulto y buscan cobijo en la parte de atrás de la boca de la langosta. Su cuerpo, que ya no es necesario, se transforma en un duro quiste. Dentro de ese quiste, un huevo fertilizado se desarrolla hasta otro estadio: una larva cordoide.

En el curso de su desarrollo esta larva rompe el cascarón y nada hasta colonizar otra langosta. Una vez la encuentra se fija a ella y se desarrolla hasta alcanzar su forma adulta, entonces el ciclo comienza de nuevo.

Nadie sabe cómo y cuando apareció este filo en la historia evolutiva o dónde colocarlo en el árbol filogenético. Algunos estudios sugieren que puede estar emparentado con los briozoos y entoproctos, dos grupos de animales marinos que parecen copas unidas a largos tallos, como afirma Reinhardt Kristensen, de la Universidad de Copenhague.

Una hipótesis que recientemente ha cobrado mayor importancia: un equipo de biólogos publicó en Molecular Phylogenetics and Evolution la primera filogenia de los entoproctos basándose en información del genoma mitocondrial y nuclear. Parece ser que ambos, tanto el Cycliophora como los entoproctos compartieron un antepasado común inmediato

Vía | Neofronteras
Más información | Artículo original

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