De zorros y conejos

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El otro día se planteaba la idea de vivir mil años. Muchos comentarios daban a entender que el hombre está por encima de según qué leyes de la naturaleza. ¿Pero qué pasa con el resto de nuestros vecinos?

Un modelo muy conocido en el estudio de la dinámica de sistemas y las teorías de control es el que trata la evolución de las poblaciones de unos hipotéticos zorros y conejos en función de su interacción.

Entendiendo “interacción” como “zorro come conejo”, por supuesto.

La idea es la siguiente: Pongamos la población de conejos como la variable a controlar, y dejemos que la propia naturaleza controle su número.

Los encargados de controlar esta población serán los zorros, por supuesto. Supondremos por tanto que la tasa de mortalidad por causa natural es siempre constante, para comprender más fácilmente el modelo.

Arranquemos el sistema. O lo que es lo mismo, pongamos conejos en nuestro territorio.

La vida rutinaria empieza con el tranquilo quehacer de los conejitos: comiendo hierba, correteando… y haciendo cosas de conejos mayores, claro. Con lo cual, la población aumenta (en azul).

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Observemos la llegada de los zorros (en rojo).

Ellos no comen hierba, sino conejo (son así de exquisitos), por lo que necesitan a sus vecinos para sobrevivir. Así que van haciendo visitas furtivas a Villa Conejo y van alimentándose, con lo que la población de conejos comenzará a disminuir.

Ahora nos trasladamos unos meses al futuro. Las zorras (y no por ello menos castas) van teniendo sus hijos, con lo que la población de zorros, a los que nadie se come, crece sin problema.

¿Qué pasa entonces?

Que habiendo más bocas a las que alimentar, serán más conejos los que entrarán en el menú. De esta forma, se llegará a un punto en el que no sólo no crecerá la población, sino que comenzará a disminuir.

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¿Y entonces?

Menos comida, menos bocas que se alimentan. Y el hambre se sabe que en exceso, mata. Así que la población de zorros, otra vez irá hacia abajo.

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¿Y… entonces?

Sin tanto carnívoro alrededor, son menos los conejos que sirven de plato para la gente de Villa Zorrilla, por lo que se pueden dedicar a sus cosas, y aumentar así la población.

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¿Qué pasará entonces?

Más comida, más se come, más se… “eso”, aumenta la población de zorros.

Y así cerramos el bucle.

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¿Veis lo que está pasando?

Pues no es más que un precioso sistema autorregulado, del que se encarga solita nuestra madre naturaleza.

Y la moraleja de toda la historia la ponéis vosotros: ¿Qué papel tiene el hombre en este tipo de control natural?

(Gráfica extraída de aquí)
Más información | Dinámica de sistemas

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