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Mujeres que ganan puntos gracias a la violencia de género (y III)

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En los artículos anteriores veíamos que los yanomamo varones vivían en un ambiente ultraviolento. ¿Por qué? Fundamentalmente por el déficit de mujeres. Hay menos mujeres que hombres (a pesar de que una cuarta parte de los hombres muere en combate) y, por lo tanto, los hombres deben combatir por ellas. Además, los jefes y los hombres de gran reputación acostumbran a poseer 4 y 5 esposas simultáneamente, lo cual agrava el déficit.

Como las muchachas yanomamo ya están prometidas, incluso antes de empezar a menstruar, todos los jóvenes yanomamo codician activamente las esposas de sus vecinos. Los maridos se enfurecen cuando descubren una cita, no tanto por los celos sexuales, sino porque el varón adúltero debería haber compensado al marido con regalos y servicios.

¿Por qué existe este déficit de mujeres? ¿Por qué hay tan pocas y, por tanto, resultan tan valiosas? Sencillo: los yanomamo exterminan constantemente un gran porcentaje de sus bebés de sexo femenino. Los hombres exigen que su hijo primogénito sea varón. Una selección sexual artificial que conlleva que existan 154 niños por cada 100 niñas.

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Mujeres que ganan puntos gracias a la violencia de género (I)

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Ante la avalancha de casos de violencia de género que se producen en las sociedades occidentales, vale la pena echar un vistazo a otras culturas donde las cosas pueden ser mucho peores. Y mucho más raras.

Imaginad un grupo de personas cuyo estilo de vida podría considerarse el colmo del machismo y de la violencia de género. Esa sociedad existe y no se encuentra en ningún barrio de clase obrera sino en unas aldeas aparentemente conectadas con el espíritu de la naturaleza. Se trata del grupo tribal de los yanomamo, compuesto por unos 10.000 amerindios que habita en la frontera entre Brasil y Venezuela. Un pueblo que ha recibido el sobrenombre de “pueblo feroz” por parte de su principal etnógrafo: Napoleón Chagnon, de la Universidad Estatal de Pensilvania.

Una sociedad que rinde culto al príapo y a la testosterona y que desprecia al género femenino por sistema: aunque siempre se andan peleando entre ellos por cuestiones de adulterio o por promesas incumplidas de proporcionar esposas, como si la mujer, en el fondo, fuera lo más importante.

Zambullámosnos en esta fascinante sociedad que pondría los pelos de punta a Bibiana Aído o a cualquier feminista de lilas vestiduras.

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