En los artículos anteriores veíamos que los yanomamo varones vivían en un ambiente ultraviolento. ¿Por qué? Fundamentalmente por el déficit de mujeres. Hay menos mujeres que hombres (a pesar de que una cuarta parte de los hombres muere en combate) y, por lo tanto, los hombres deben combatir por ellas. Además, los jefes y los hombres de gran reputación acostumbran a poseer 4 y 5 esposas simultáneamente, lo cual agrava el déficit.
Como las muchachas yanomamo ya están prometidas, incluso antes de empezar a menstruar, todos los jóvenes yanomamo codician activamente las esposas de sus vecinos. Los maridos se enfurecen cuando descubren una cita, no tanto por los celos sexuales, sino porque el varón adúltero debería haber compensado al marido con regalos y servicios.
¿Por qué existe este déficit de mujeres? ¿Por qué hay tan pocas y, por tanto, resultan tan valiosas? Sencillo: los yanomamo exterminan constantemente un gran porcentaje de sus bebés de sexo femenino. Los hombres exigen que su hijo primogénito sea varón. Una selección sexual artificial que conlleva que existan 154 niños por cada 100 niñas.

Ante la avalancha de casos de violencia de género que se producen en las sociedades occidentales, vale la pena echar un vistazo a otras culturas donde las cosas pueden ser mucho peores. Y mucho más raras.