El mayor sistema de almacenamiento de datos científicos del mundo no se halla en la borgeana Biblioteca de Babel sino en el Sistema de Almacenamiento de Alto Rendimiento del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en Estados Unidos, donde se almacena una copia de seguridad, un backup de datos de genética, química, biotecnología, eficiencia energética, astrofísica, física nuclear, climatología, ingeniería, etc.
Este moderno sistema de almacenamiento de archivos se instaló en 1998 en el National Energy Research Scientific Computing Center (NERSC), en Oakland, California, que también es la sede de diversos superordenadores, como el Franklin, un XT4 Cray con 19.320 núcleos de procesadores Opteron que, desde noviembre de 2007, se encuentra en el puesto 9 del Top 500 de los superordenadores más rápidos del mundo.
Pero volvamos al HPSS. En él no hay libros ni bibliotecarios (anque sí largas estanterías) sino un brazo robot que, a velocidad de vértigo, localiza en 30 segundos cualquier dato científico, lo atrapa con sus pinzas y lo pone a disposición del usuario. Porque la información que se guarda en el HPSS desde su fundación está en formato digital, dentro de las entrañas de discos compactos con forma de ladrillo.
