Mucha gente suele decir: ésta es mi verdad. Mucha gente suele decir: yo creo en esto aunque todas las pruebas indiquen lo contrario. Mucha gente dice: creer en lo que no se puede ver o demostrar tiene mucho mérito y debe respetarse de forma indiscutible.
Pero creer sólo en tu verdad hará que te equivoques más veces que si te basas en la experiencia y acumulación de saberes colectivos, sometidos a continuo escrutinio. Por ejemplo, si usas sólo tu verdad para decidir cuántos litros de gasolina necesitas para volar a EEUU... es más probable que te estrelles. Y es que la gente acostumbra a dar más importancia a su experiencia o a la de sus allegados antes que a las demostraciones empíricas. Afortunadamente, el mundo ya no funciona así: el mundo es demasiado complicado y lleno de variables, y la percepción humana demasiado imprecisa, para postular teorías fundadas en experiencias personales.
El periodista científico Martin Gardner, en una serie de artículos recogidos en este es lo que intenta: ¿Tenían ombligo Adán y Eva? que la gente entienda todo esto. Porque, en la actualidad, casi la mitad de los adultos de Estados Unidos cree en la astrología, en ángeles y demonios, y en que estamos siendo observados por extraterrestres llegados en ovnis que abducen con frecuencia a seres humanos. Más de la mitad cree que la evolución es una teoría no demostrada.
Casi todos los artículos de esta recopilación son ataques contra casos extravagantes de seudociencia, procedentes, excepto uno, de la columna Notes of a Fringe Watcher (Comentarios de un observador marginal), que Gardner publicaba regularmente en la revista Skeptical Inquirer. Los cuales nos han inspirado para artículos como ¿Puede la ciencia dar respuestas a absolutamente todo? (I) (II) y (y III).

El problema de responder a todas las preguntas del universo es que nosotros vivimos en ese mismo universo. El sistema no puede saber cómo es el sistema si está dentro de ese mismo sistema.
La ciencia es un mecanismo para acumular conocimiento que, aunque no alcance nunca la certeza absoluta que nos prometen las religiones, se acerca progresivamente a una mayor comprensión del mundo y de nosotros mismos.
La base 10 no presenta ninguna ventaja especial para organizar jerárquicamente los números. Imaginad, por ejemplo, la base 13. El 13 es un número primo, divisible solo por 1 y por sí mismo. Esto le otorgaría cierta superioridad sobre el número 10, pues la mayoría de fracciones serían irreductibles en un sistema semejante. Con la base 10, por ejemplo, se puede expresar el número 36/100 también como 18/50 o 9/25. Pero con una base prima como 13, estas representaciones múltiples no se darían.