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Martin Gardner

‘¿Tenían ombligo Adán y Eva?’ de Martin Gardner: la falsedad de la seudociencia al descubierto

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tege_zoom.jpgMucha gente suele decir: ésta es mi verdad. Mucha gente suele decir: yo creo en esto aunque todas las pruebas indiquen lo contrario. Mucha gente dice: creer en lo que no se puede ver o demostrar tiene mucho mérito y debe respetarse de forma indiscutible.

Pero creer sólo en tu verdad hará que te equivoques más veces que si te basas en la experiencia y acumulación de saberes colectivos, sometidos a continuo escrutinio. Por ejemplo, si usas sólo tu verdad para decidir cuántos litros de gasolina necesitas para volar a EEUU... es más probable que te estrelles. Y es que la gente acostumbra a dar más importancia a su experiencia o a la de sus allegados antes que a las demostraciones empíricas. Afortunadamente, el mundo ya no funciona así: el mundo es demasiado complicado y lleno de variables, y la percepción humana demasiado imprecisa, para postular teorías fundadas en experiencias personales.

El periodista científico Martin Gardner, en una serie de artículos recogidos en este es lo que intenta: ¿Tenían ombligo Adán y Eva? que la gente entienda todo esto. Porque, en la actualidad, casi la mitad de los adultos de Estados Unidos cree en la astrología, en ángeles y demonios, y en que estamos siendo observados por extraterrestres llegados en ovnis que abducen con frecuencia a seres humanos. Más de la mitad cree que la evolución es una teoría no demostrada.

Casi todos los artículos de esta recopilación son ataques contra casos extravagantes de seudociencia, procedentes, excepto uno, de la columna Notes of a Fringe Watcher (Comentarios de un observador marginal), que Gardner publicaba regularmente en la revista Skeptical Inquirer. Los cuales nos han inspirado para artículos como ¿Puede la ciencia dar respuestas a absolutamente todo? (I) (II) y (y III).

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¿Puede la ciencia dar respuestas a absolutamente todo? (II)

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El problema de responder a todas las preguntas del universo es que nosotros vivimos en ese mismo universo. El sistema no puede saber cómo es el sistema si está dentro de ese mismo sistema.

Por ejemplo, resulta incongruente conocer la posición, velocidad y energía de todas las partículas del cosmos si los instrumentos que empleamos para hacerlo también están compuestos de esas mismas partículas.

De nuevo Martin Gardner:

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¿Puede la ciencia dar respuestas a absolutamente todo? (I)

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La ciencia es un mecanismo para acumular conocimiento que, aunque no alcance nunca la certeza absoluta que nos prometen las religiones, se acerca progresivamente a una mayor comprensión del mundo y de nosotros mismos.

Pero ¿hay un final en esta escalada de conocimiento? ¿La ciencia tiene vedado el paso a algunas regiones de la ignorancia? ¿La ciencia está legitimada para preguntárselo todo?

Obviamente, saberlo TODO es imposible (o altamente improbable). Por ejemplo, jamás podremos saber cuántos pelos tuvo Alejandro Magno en su cabeza. Tampoco conoceremos jamás todos los decimales de Pi. Ni todos los teoremas posibles de la geometría.

Y parafraseando a Gödel, todo sistema matemático lo bastante complejo como para incluir la aritmética contiene teoremas que no se puede demostrar si son ciertos o falsos por medio del sistema.

Detrás de expresiones rimbombantes de la física como Teorías del Todo, “sólo” se quiere decir que algún día llegaremos a conocer todas las leyes fundamentales de la física, y que quizás logremos unificarlas en una sola ecuación o en un pequeño conjunto de ecuaciones. Pero todavía quedarán muchas de preguntas sin respuestas, así que la Teoría del Todo no es una teoría de la totalidad de las cosas, en realidad.

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La razón de la organización decimal y otras alternativas para contar muchas cosas (y II)

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La base 10 no presenta ninguna ventaja especial para organizar jerárquicamente los números. Imaginad, por ejemplo, la base 13. El 13 es un número primo, divisible solo por 1 y por sí mismo. Esto le otorgaría cierta superioridad sobre el número 10, pues la mayoría de fracciones serían irreductibles en un sistema semejante. Con la base 10, por ejemplo, se puede expresar el número 36/100 también como 18/50 o 9/25. Pero con una base prima como 13, estas representaciones múltiples no se darían.

Sin embargo, si finalmente los humanos se decantaron por la base 10 fue porque diez dedos destacaban ante los ojos de cualquiera y eran fáciles de usar. En algunas lenguas malayo-polinesias, la palabra “mano”, “lima”, es en realidad la misma que para la palabra “cinco”.

Pero no todas las civilizaciones conocidas han escogido 10 como base.

Aparte de la base 10, la más común en el mundo es la base 20, conocida como base vigesimal. Fue tremendamente popular en muchos territorios de Europa Occidental. También se basaron en los dedos para escoger esta base, pero no sólo en los dedos de las manos sino en los dedos de manos y de pies, conjuntamente. Por ejemplo, para los inuit, el número “veinte” se expresa con una frase que significa “un hombre está completo”.

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