Muchos conspiranoicos creen que la NASA trata de ocultar que en realidad nunca viajó a la Luna. O que en Marte hay caras. O que mantienen comunicación fluida con extraterrestres de Raticulín.
Leyendas aparte, lo que es innegable es que la agencia espacial norteamericana siempre ha corrido un tupido velo sobre la existencia de relaciones sexuales en el espacio. Fisiológicamente, nada impide un apareamiento en microgravedad, pero ¿los astronautas realmente necesitan sexo allí arriba?
En una vida prolongada en una estación espacial, por ejemplo, es imprescindible atender a las servidumbres fisiológicas. En todas las estaciones hay “baños”. Conocemos los ingeniosos métodos para hacer aguas mayores y menores. Pero ¿y el sexo?
