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El efecto Westermarck: no te acuestes con tu familia (y II)

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En la anterior entrega de este artículo nos preguntábamos si el efecto Westermarck tenía un origen genético y que éste hubiera sido favorecido por la selección natural porque el incesto es biológicamente nocivo. ¿Cuánto hay de cierto en ello?

La verdad es que todavía estamos lejos de una explicación completa de la evitación del incesto. La evitación del incesto reduce la endogamia y con ello aumenta la producción de hijos sanos, ello podría haber favorecido que el efecto Westermarck se extendiera por toda la población, desde una incidencia muy baja a una presencia muy extendida en sólo diez generaciones (al menos en la teoría de la genética de poblaciones).

Sin embargo, todavía no se han descubierto los genes que provocan dicho efecto. Tampoco cómo se produce el efecto psicológico entre las personas que se crían juntas: ¿ocurre durante el juego, al comer juntos, en los intercambios agresivos…? ¿Quizá es el simple aroma de la otra persona? ¿Algún estímulo visual?

Se añade más complicación al tema del incesto cuando entra en juego la poliédrica influencia cultural, los tabúes del incesto. Muchas sociedades son permisivas con los matrimonios entre primos hermanos, pero los prohíben entre los hermanos.

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El efecto Westermarck: no te acuestes con tu familia (I)

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No importa que hablemos de seres humanos de distintas culturas, tampoco de primates sociales no humanos en los que se ha estudiado en profundidad el desarrollo sexual (como los titís y tamarinos de Sudamérica o los macacos asiáticos). El efecto Westermarck se produce en todos ellos.

Es decir, todos ellos rechazan a los individuos con los que estuvieron estrechamente asociados en las primeras etapas de la vida, sobre todo si se trata de padres o hermanos.

Este efecto fue descubierto primero en humanos por el antropólogo finés Edward A. Westermarck. Su primera referencia apareció en la obra de 1891 Historia del matrimonio. Desde entonces, multitud de pruebas experimentales han refrendado este efecto.

Uno de los más conocidos es el que realizó Arthur P. Wolf, de la Universidad de Stanford, en relación a los “matrimonios menores” de Taiwán. Los matrimonios menores son aquellos en los que niñas no emparentadas son adoptadas por familias, criadas con los hijos varones biológicos en una relación normal de hermano-hermana y después se casan con los hijos. De esta manera, las familias se aseguran que el hijo tendrá una pareja, dada la proporción sexual desequilibrada del país.

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