La maquinaria proteica que controla y construye nuestro cuerpo está traducida por unos 30.000 genes. Es decir, 30.000 tramos distintos de información digital. Cada gen es la receta de una proteína.
El genoma humano cuenta con un código de unos 3.000 millones de “letras”. Lo que produce el genoma viene determinado por el orden de estas letras y no por sus propiedades particulares, de modo que podemos tratarla como una información digital.
Así podemos decir que, entre dos seres humanos, la diferencia, en promedio, viene a ser de un 0,1 %. En otras palabras: entre tú y otra persona hay una diferencia de unas 3 millones de letras.
Bajo esta premisa, ¿cuál es la diferencia entre un ser humano y un chimpancé? Pues hay una diferencia unas 15 veces mayor. Es decir, una diferencia del 1,5 %. Eso equivale a 45 millones de letras distintas, que es aproximadamente 10 veces más letras que las que hay en la Biblia.

Las ranas son genéticamente muy parecidas a los seres humanos. Es la conclusión que se ha extraído después de que un equipo de genetistas estadounidenses haya descifrado por primera vez el genoma completo de un anfibio.
El tuatara es lo que la gente llama un fósil viviente. Es un reptil esfenodonto (el único que queda de un grupo que florecio hace 200 millones de años), relegado a Nueva Zelanda. Es más antiguo que las serpientes y los lagartos, y presenta una serie de rasgos que hacen que sea el reptil morfológicamente más primitivo que existe en la actualidad (un corazón primitivo, parecido al de anfibios, restos del tercer ojo, etc).