Hasta que llegue ese momento, siguirán existiendo religiones que continúen afirmando cosas sin ninguna prueba de ello, de una forma tan terca que produce miedo más que asombro. Dentro de las religiones recientes con más de un millón de adeptos, hay una que dijo que el mundo terminaría en 1914. Cuando el mundo no terminó ese año, no asumieron que se habían equivocado. Podrían haber dicho que Dios tuvo misericordia y pospuso la fecha, pero dijeron algo incluso más ridículo: que en realidad el mundo terminó en 1914 pero que no nos hemos dado cuenta.
Hay otra religión que dice que todas las enfermedades son psicogénicas y que no existen microorganismos patógenos.
Otra religión que cree que, en el siglo XX, un ángel preparó una serie de tablas de oro y un ser humano divinamente inspirado las enterró. Las tablas estaban escritas en jeroglíficos egipcios antiguos y contenían una serie de libros hasta entonces desconocidos, parecidos a los del Antiguo Testamento.
Otra religión que cree que, con la suficiente fe, uno puede levitar, rompiendo las leyes de la gravedad.

En una de las conferencias pronunciadas por Carl Sagan en 1985 en las prestigiosas Conferencias Gifford, que se celebran en Escocia anualmente desde el siglo