Compartir
Publicidad

¿Sabías el mecanismo de las trampas para mosquitos?

¿Sabías el mecanismo de las trampas para mosquitos?
Guardar
27 Comentarios
Publicidad

Desde los tiempos ya primitivos del papel “pegamoscas”, cuyo funcionamiento básico consistía en dejar pegados a todos los insectos que tuvieran la mala suerte de tropezarse con él, las trampas para mosquitos se han ido haciendo más sofisticadas y actúan sobre el principio básico de atraer a los insectos hacia ellas.

Los moquitos hembra (recordemos que los machos no pican) deben conseguir sangre para reproducirse y para ello disponen de sensores que les ayudan a localizar a sus víctimas. Pueden detectar el dióxido de carbono de la respiración, el calor y, a veces, incluso el sudor.

Un método muy usado desde hace unos años son los aparatos que mezclan dióxido de carbono y octenol para provocar una nube de gas que los mosquitos encuentran irresistible.

El funcionamiento es bien simple: un sistema difusor esparce una nube compuesta por octenol y dióxido de carbono; el primero simula los productos químicos de las plantas y el segundo es la principal guía de olfato de los mosquitos hembra cuando buscan sangre humana para chupar.

El gas resultante de esta mezcla atrae a los mosquitos en un área que depende de la potencia de la máquina, pero suele ser suficiente para cubrir un jardín de tamaño medio.

Cuando los insectos se dirigen a la fuente del gas son absorbidos por una boquilla succionadora hasta un recipiente donde mueren por deshidratación.

Algunos modelos más avanzados se ponen en marcha automáticamente al amanecer y al atardecer, las horas del día en que estos chupadores de sangre proliferan más.

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad

Ver más artículos