Donde acaba el hombre... y empieza la máquina

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Todos tenemos en nuestra mente la imagen inconfundible del joven Eduardo Manostijeras, el personaje solitario e ingenuo creado por el dibujante y cineasta Tim Burton. Impregnado de la estética inconfundible de su director, Eduardo Manostijeras tenía la peculiaridad –como su nombre indica – de contar con tijeras en lugar de manos. Con ellas daba forma a los setos de los jardines y al cabello de sus vecinas, usándolas incluso para realizar algún arreglo doméstico.

El personaje de Burton nunca tuvo manos porque no era humano: se trataba de un robot incompleto. Su creador murió repentinamente dejándolo con tijeras en lugar de con cinco bonitos dedos. Pero las tijeras no constituían para él herramientas, sino una parte de su anatomía, simple y llanamente.

Esta apreciación, aparentemente tan sencilla, no lo es tanto. Resulta que cuando usamos una herramienta cambia la forma en que nuestro cerebro representa las dimensiones de nuestro cuerpo. Es decir, cuando utilizamos un martillo, una cuchara o un abanico éstos se convierten en parte de nuestro esquema corporal y nuestro cerebro los identifica como una parte más del propio cuerpo.

El utensilio en cuestión entra a formar parte de lo que en psicología se conoce como ‘esquema corporal’. Lo que ocurre a continuación es que los movimientos corporales que realizamos varían a como lo hacían antes de usar la herramienta. Por ejemplo, si organizamos una barbacoa en el jardín y usamos pinzas para dar la vuelta a la parrillada para que no se nos queme, nuestro cerebro dará orden a nuestro cuerpo para que se comporte como si nuestro brazo fuera más largo de lo que en realidad es.

Se trata, sin duda, de un fenómeno que experimentamos casi a diario, puesto que estamos rodeados de objetos que nos asisten en multitud de tareas. Si no, ¿por qué podemos cepillarnos los dientes sin tener que mirarnos al espejo? La respuesta es sencilla: somos capaces de cepillarnos los dientes sin ver nuestra la boca o nuestro brazo porque el cerebro ha integrado el cepillo de dientes en la representación de nuestro brazo.

Esta habilidad de nuestra mente para adaptarse funcionalmente e incorporar las herramientas constituye la base fundamental para un correcto uso de los utensilios y herramientas que usamos diariamente. Una vez que éstos están integrados dentro del mencionado ‘esquema corporal’, pueden ser controlados y manipulados como si se tratara de una parte más de nuestra anatomía.

Vía | Plataformasinc

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