El europio: el secreto que hace difícil que puedas falsificar un billete de 500 euros

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España es la campeona europea de los billetes de 500 euros. Por alguna razón, en España nos gustan los billetes grandes (no así los de 100 o 200, que existen en mayor proporción en otros países). España tiene casi los mismos billetes de 500 que la suma de los de 200, 100 y 5. Como si los billetes de 500, en España, fueran como billetes del Monopoly. Pero hemos de suponer que no hay demasiados billetes falsos, porque falsificar un billete de 500 es más difícil de lo que parece.

El secreto reside en un elemento químico: el europio.

El europio fue descubierto en 1890 por Paul Emile Lecoq de Boisbaudran. Debe su nombre al continente europeo, al igual que el americio a América. Una característica especial del europio es la fluorescencia, que a todos nos suena por las luces negras y los pósters psicodélicos. La diferencia entre una emisión normal de luz y la fluorescencia es que la primera implica sólo a los electrones, pero la segunda implica moléculas enteras.

Las moléculas fluorescentes absorben luz de alta energía (luz ultravioleta) pero emiten esa energía en forma de luz visible de menor energía. Dependiendo de la molécula de la que forme parte, el europio puede emitir luz roja, verde o azul.

Según Sam Kean, en su libro La cuchara menguante:

Esa versatilidad es una pesadilla para los falsificadores y es lo que ha hecho del europio una estupenda herramienta para luchar contra la falsificación. De hecho, la Unión Europea (UE) usa su elemento epónimo en la tinta de sus billetes. Para preparar la tinta, los químicos de las cecas europeas añaden iones de europio a un tinte fluorescente. (No se sabe qué tinte porque la UE ha prohibido que se intente identificar. Los químicos respetuosos con la ley sólo pueden hacer conjeturas al respecto). Pese a ese anonimato, los químicos saben que los tintes de europio están formados por dos partes. De un lado está el receptor o antena, que forma la mayor parte de la molécula. La anteca capta la energía luminosa incidente, que el europio no puede absorber, la transforma en energía vibratoria, que el europio sí puede absorber, y la lleva, trepidante, hasta la punta de la molécula. Allí la recibe el europio, que agita sus electrones, y éstos saltan a niveles de energía superiores. Pero justo antes de que los electrones salten, se desplomen y emitan, una parte de la onda de energía entrante “rebota” y regresa a la antena. (…) A causa de esta pérdida, cuando los electrones caen de vuelta a su nivel, producen luz de menor energía.

Así pues, en los billetes de 500, los tintes fluorescentes se escogen de manera que el europio parezca apagado bajo la luz visible, de modo que un falsificador crea que ha obtenido una réplica perfecta. Pero si se pone el billete bajo un láser especial, el láser excitará a la tinta invisible.

Y entonces se producirán los siguientes cambios:

El bosquejo de Europa de los billetes brilla con un color verdoso, como si lo estuviéramos viendo a través de los ojos de un alienígena. Una corona de estrellas de color pastel gana un halo amarillo o rojo, mientras que monumentos y firmas y sellos ocultos brilla en color azul marino. Para pescar a los falsificadores, la policía sólo tiene que buscar billetes que no muestren todos esos signos. Así que cada en cada billete en realidad hay dos euros: el que vemos cada día y un segundo euro oculto dibujado por encima del primero, como un código incrustado.

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