Se nos dice con frecuencia que James Watt inventó la máquina de vapor en 1769 supuestamente inspirado por haber observado salir el vapor por el pitorro de una tetera.
Esta maravillosa fábula queda desmentida por la realidad de que Watt concibió la idea de su propia máquina de vapor mientras procedía a reparar un modelo de la máquina de vapor de Newcomen, que éste había inventado 57 años antes y de la que ya se habían fabricado más de cien en Inglaterra para la fecha en que Watt realizó su tarea de reparación.
Entonces ¿quién debería ser dueño de la patente de la máquina de vapor? ¿A quién debemos rendir honores? ¿Qué nombre deben memorizar los escolares en clase? ¿Watt? ¿Newcomen? ¿Los autores de los libros de ingeniería que leyeron ambos? ¿Sus padres? ¿Las serendipias?
Mi respuesta es: ¿a quién le importa? Por supuesto, a la gente le importa, eso es obvio, pero ¿por qué debería importar? Partiendo de la base de que las ideas se forjan de formas complejas y fortuitas, que nacen inconcretamente, ¿por qué continuamos sin cuestionar ese deseo de entronizar a un Autor? Sin duda todo esto recuerda sospechosamente a la necesidad del hombre por hallar un Autor, un Creador del mundo y de todo lo que está contenido en él. El Autor es una versión laica de Dios.
Sigue Armas, Gérmenes y Acero de Jared Diamond:
Todo esto no significa negar que Watt, Edison, los hermanos Wright, Morse y Whitney realizaran grandes mejoras y, con ello, incrementaran o inauguraran éxitos comerciales. La forma del invento que con el tiempo se adoptó podría haber sido algo distinta sin la contribución reconocida del inventor. Pero a nuestros efectos, la cuestión es si el panorama general de la historia mundial habría experimentado alteraciones significativas si alguno de los genios inventores no hubiese nacido en un lugar y una época determinados. La respuesta es clara: nunca ha existido tal clase de persona. Todos los inventores famosos reconocidos han tenido predecesores y sucesores capacitados, introduciendo sus mejoras en una época en que la sociedad era capaz de utilizar su producto.
La idea que se defiende aquí es que todas las obras, incluidas las literarias, por qué no, se desarrollan por acumulación; ergo, su autor original es difuso, por mucho que la SGAE se empecine en lo contrario pagando royalties por politonos a Ramoncín.
Nadie gritó ¡Eureka! Y si lo hizo, fue demasiado egocéntrico para darse cuenta de que él sólo estaba transmitiendo aquello que le rodeaba, y que podría haberlo hecho cualquiera antes o después de él.
¿Ocurriría algo diferente si los libros contemporáneos dejasen de estar firmados por una persona, si ya no se produjeran presentaciones oficiales del autor de la obra frente a un público expectante? Visto lo expuesto, es difícil decantarse pero ¿realmente es tan importante mantener una falacia para preservar un negocio, en este caso la venta de libros?
Los doujinshi son comics, pero una copia de un comic original en la que el artista debe contribuir de algún modo, transformándolo de manera sutil o significativa. Una trama diferente, por ejemplo. O un final diferente. O puede que el personaje principal posea un aspecto ligeramente distinto. ¿Parece que haya un vacío legal en Japón? Puede. Sin embargo, considero que el mercado del manga se muestra indulgente con estas supuestas violaciones del copyright porque provocan que el mercado del manga sea más rico y productivo en todos los sentidos.
Pero existe otra razón para que los autores sean tan o más importantes que las obras que escriben y que los consideremos seres especiales y poco comunes. Las vacas sagradas también existen debido a que tenemos un grave problema a la hora de operar con números grandes. No hay que olvidar que nuestros cerebros se forjaron hace miles de años, en otras circunstancias muy distintas a las actuales, y que nuestro estilo de vida es muy exiguo en comparación.
Esta percepción de la densidad social fue más ampliamente explicada en el artículo Sólo entendemos los grupos de 150 personas (I) y (II).
Así pues, si el entorno mediático es el apropiado, la vida de diez personas nos puede importar más que la vida de diez mil. Porque diez personas son computables por un cerebro criado en comunidades pequeñas, pero diez mil escapa a nuestra imaginación.
Por esa razón, el éxito sólo lo reservamos para una minoría debido a un defecto en nuestro cerebro, que viene de serie, herencia de nuestros ancestros, por el cual somos incapaces de imaginar la gente que existe en el mundo.
Por esa razón, resulta contraintuitivo para nuestro cerebro que existan, por ejemplo, miles de autores tan o más brillantes como X autor brillante. Porque nuestra lógica mental impone que hay un genio, dos, un puñado a lo sumo. Pero esto es improbable que sea así por la simple matemática (somos muchas más personas de lo que imaginamos).
En la próxima entrega de esta serie de artículos sobre los derechos de autor, sin embargo, volveremos a centrarnos en la memética, que trataré de explicar de la manera más simplificada posible en aras de integrarla en esta visión desmitificadora y antimeritócrata de los derechos de autor.
Vía | No Logo o Imagine… no Copyright de Joost Smiers y Marieke Van Schijndel / Copia este libro de David Bravo / Cultura libre de Lawrence Lessig / No Logo de Naomi Klein / La máquina de los memes de Susan Blackmore / La ciencia de la belleza de Urlich Renz / Armas, gérmenes y acero de Jared Diamond / Cómo funciona la mente de Steven Pinker / Sistemas emergentes de Steven Johnson / El meme eléctrico de Robert Aunger.
Comentarios
Se os ha ido la mano. Es evidente que para escribir, por ejemplo, necesitamos un abecedario que no hemos creado nosotros mismos. Pero para escribir un libro hace falta un esfuerzo y un trabajo que sí pone su autor...
Limusina posando
interesante
Pues creo que lleva razón. Si desaparece lo que llamamos propiedad intelectual y empezamos a poner libremente todo conocimiento en manos de la humanidad, contribuiriamos en el progreso de manera expectacular.
Pero claro, siempre estan los que dicen que de ser así no habria nadie que hiciese peliculas música etc. Falso, siempre habria gente que lo haria, además, se podria incentivar de otra manera a estas personas.
Resumiendo, las SGAE no solo son unos ladrones sino tambien unos terroristas que ralentizan el progreso humano. No muy diferentes de la religión.
interesante
Llamadme loco, pero sí creo que deba respetarse la propiedad intelectual.
Por empezar existe mucha hipocresía al respecto, como una especia de justificación moral. Criticamos a Microsoft por copiar ideas, pero nos parece estupendo descargar pelis piratas por internet.
Imaginemos que invento el Pac Man, que me paso años ideando un videojuego exitosos. Y cuando lo saco me viene la empresa X y me lo copia al 100%, incluso empleando los gráficos que hice y sus sonidos. ¿Eso está bien?
Ahora cogo un artículo de internet, lo meto en mi tesis doctoral y digo que es mía, recibiendo una matrícula y una beca ¿Eso está bien?
Cuando la SGAE cobra por poner música en una peluquería es un ROBO, pero no por ello debemos faltarle el respeto a los derechos de autor.
Seguro que si algún día escribis un libro lo primero que haréis será registrarlo con su número ISBN. ¿Qué cara se os pondría si una editorial ganase mucho dinero publicando vuestro libro sin daros un solo euro?
Os aseguro que no existiesen las patentes muchas empresas no invertirían tanto dinero en investigación ¿Para qué gastar millones de euros en un nuevo producto, cuando te lo van a copiar impunemente? Y que conste que eso ya ocurre, pero al menos hay una leyes que protegen algo.
-- editado por última vez a las 09:56
Criticamos a Microsoft por copiar ideas pero, sobre todo, por blindarlas, venderlas y forrarse a base de constituir un monopolio ahogando cualquier intento de competencia. Por sus precios desorbitados (más de 100 Euros por una licencia de un programa de primera necesidad me parece una cabronada; Windows 7 Professional 309 Euros!!!) y porque encima cuando se te cuelga el equipo o tienes que formatear y reinstalar no te compensa o devuelve el dinero. Y porque si tienes 4 ordenadores en casa tienes que pagar 4 veces por la licencia (si eres un pardillo, claro).
Me parece bien que cuando creas una cosa o produces una obra recibas un pago, pero me parece mal que ese pago sea de tal magnitud que limite el acceso al producto o al menos te haga sentir timado cuando pagas.
-- editado por última vez a las 16:08
Tengo problemas para editar mi comentario, seguro que ahora se repite mil veces; solo quería añadir que me parece bien que cuando creas una cosa o produces una obra recibas un pago, pero me parece mal que ese pago sea de tal magnitud que limite el acceso al producto o al menos te haga sentir timado cuando pagas.
Sergio, dices:
Obvio no es, después muestro porqué. Luego dices:
Aquí te equivocas, lo que hay es una diferencia cultural. Valorar lo original y devaluar la copia es algo muy occidental que no comparten otras culturas. Quizás se pueda entender mejor con la paradoja de Teseo.
Añado un ejemplo en relación al barco de Teseo. El español solo es latín al que se le han cambiado todas sus partes conservando su función comunicativa original y una cierta forma. Sin embargo consideramos que son lenguas diferentes. De ahí a pedir derechos de autor por una canción con una nueva melodía y una nueva letra completamente inscritas en una tradición musical heredada solo hay un paso. Por tanto, alguien que quiera criticar de forma coherente y consistente los derechos de autor debería también defender la identidad esencial del italiano, del español, del rumano, del francés, del portugués, del catalán, del occitano... Creo sinceramente que si alguien consigue que eso se lleve a la práctica le darán el premio Nobel de la Paz. Obviamente, no voy a pedir derechos de autor por la idea :P En fin, creo que lo terminará ganando es la contradicción esencial, se diga lo que se diga.
"Expectaculares" comentarios, al nivel del propio artículo.
Sergio, como todo el mundo sabe la única razón por la que la belleza de tu prosa no ha alcanzado el mismo reconocimiento que, digamos, la de Paulo Coelho, es algún tipo de defecto que todos los humanos tenemos en el cerebro. Yo otra explicación no le veo.
Sí, todos partimos de los mismos conocimientos, pero hay gente que escribre impresionantes artículos científicos en El Cedazo o La pizarra de Yuri y hay otros que a lo más que llegan es a comprender de aquella manera los cuatro libros de divulgación que han leído y presentar lastimosamente al mundo un conjunto de ideas deslabazadas que no tendrían cabida ni en el Muy Interesante.
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