Nuestra vida está llena de contradicciones, incluso tan evidentes que cualquier mente lógica y analítica, tipo HAL9000, directamente nos enviaría a un centro psiquiátrico, con arneses, bozal y toda la pesca. Os voy a confesar la última: el otro día estuve una hora dando vueltas por un pueblo costero buscando una cafetería donde el espresso no costara más de 1,5 €, un precio que me parece de todo punto abusivo. Al final encontré un café por 1,10 €. Me ahorré 40 céntimos.
Sin embargo, ayer quería sacar una gran suma de dinero de un cajero de ese mismo pueblo. No encontraba un cajero de mi entidad bancaria, y después de 10 minutos dando vueltas, finalmente asumí que sacaría dinero de otra entidad, lo que acarreaba un coste de 2 € (por cierto, otro abuso que espero que un día reclamemos eliminar en la puerta de los bancos, con antorchas, palos y cosas intimidatorias en general).
Si analizamos ambas situaciones, algo falla. Soy capaz de invertir una hora de mi vida por unos céntimos, y a la vez soy capaz de gastarme 2 € para ahorrarme unos minutos de mi vida sólo unos pocos días después.
Este problema de lógica es muy común en la mente humana. Si nos preguntaran si cruzaríamos la ciudad para ahorrarnos 25 € en un microondas que vale 100 €, la mayoría de nosotros diría que sí. Si nos preguntaran si haríamos lo mismo para ahorrarnos la misma cantidad en un televiso que vale 1.000 €, la mayoría de gente diría que no. Y estamos hablando del mismo ahorro.
Si un viaje así vale la pena o no, desde el punto de vista de una mente lógica, sólo debería depender de dos factores: el valor de nuestro tiempo y el coste del combustible. Sin embargo, nuestro cerebro no se lo plantea así: si nos podemos ahorrar 25 de 100 €, pensamos: es el 25 %. Si nos ahorramos sólo 25 de 1.000 €, entonces pensamos, bah, sólo es el 2,5 %. Pero la cuestión es que estamos hablando de exactamente la misma cantidad de ahorro.
La mayoría de gente no piensa en términos absolutos con esta clase de decisiones, sino en términos relativos. Y es que todos los animales vertebrados están provistos de lo que algunos psicólogos llaman “sistema aproximado” para los números, de modo que son capaces de distinguir más de menos. Pero este sistema tiene a su vez la peculiaridad de ser “no lineal”: la diferencia entre 1 y 2 parece subjetivamente mayor que la diferencia entre 101 y 102.
Nuestro cerebro está bajo la influencia de lo que se denomina Ley de Weber, que establece una relación cuantitativa entre la magnitud de un estímulo físico y cómo éste es percibido. Fue propuesta en primer lugar por Ernst Heinrich Weber (1795-1878), y elaborada hasta su forma actual por Gustav Theodor Fechner (1801-1887). La ley establece que: el menor cambio discernible en la magnitud de un estímulo es proporcional a la magnitud del estímulo.
Y la explicación evolutiva para que tengamos esa falla cognitiva es que nuestro cerebro no han sido diseñado para relacionarse con el dinero sino con la comida, tal y como señala Gary Marcus:
En ciertos ámbitos, seguir la ley de Weber tiene sentido hasta cierto punto: el almacenaje de dos kilos más de trigo con relación a un punto de partida de cien kilos no va a tener importancia si al final toda cantidad superior a unos cuantos kilos se estropea; lo que de verdad importa es la diferencia entre la inanición y la supervivencia. (…) Así que incluso hoy en día se dan notables cruces entre ambos. La gente, por ejemplo, se inclina menos a donar dinero a las organizaciones benéficas si tiene hambre que si está saciada; al mismo tiempo, los sujetos de experimentación (excluyendo aquellos que están a dieta) sometidos a un estado de “gran deseo de dinero” comen más M&M durante un test de sabor que las personas que se hallan en un estado de “escaso deseo de dinero.
Vía | Kluge de Gary Marcus
Comentarios
interesante
los catalanes no tenemos esos dilemas ajajaaja
Sergio es catalan y por lo visto si los tiene ;)
Por cierto, como apunte, no creo que sea lo mismo. Si mi sueldo son 700 euros, cogeré la casa de 400€ en vez de la de 450€. Sin embargo, si soy muchimillonario, lo mismo de da que me da lo mismo cogerme el ferrari de 1.000.000€ que el de 1.000.050€.
El tamaño absoluto no es lo que importa, lo importante es el porcentaje que representa.
Por supuesto, la ley de Weber al final de cuentas se manifiesta en términos relativos, dependen de cómo el sujeto interprete los estímulos que recibe y cómo sea su percepción cuantitativa general. Sin embargo, de lo que sí puede hablar en términos generales es que este fenómeno se manifiesta en todos nosotros.
interesante
Me temo Pedro que has cambiado el parámetro incorrecto. En tu caso hablas de la utilidad marginal del dinero. El valor que se da a un bien es el de la última unidad y por tanto dolería mucho más perder un euro cuando solo tienes uno pero muy poco si tienes un millón. De hecho en el artículo la explicación de Gary Marcus se ajusta a la de la utilidad marginal. Perder el último kilo de heno es mucho más grave que perder el veiteavo. Este principio es el que facilita el mercado, el vendedor de camisas valora poco sus camisas porque tiene muchas y valora más los pantalones porque tiene pocos, lo contrario que el vendedor de pantalones. En este caso del post se habla de que *dando el mismo valor a la unidad monetaria* (porque el sujeto no cambia) valoramos el dinero en función de la cantidad que vamos a perder. Nuestro instinto nos lleva a aplicar la misma regla exactamente a la inversa, a pesar de que aplicada a la inversa no tenga sentido. Si vamos a gastar 1 o 2 euros ese euro de diferencia nos parece muy valioso, pero si vamos a gastar 1001 o 1002 nos lo parece muy poco. Un post muy interesante.
El caso es que en el ejemplo de Sergio el sujeto tiene el mismo dinero, por lo tanto el ahorro de 25 euros supone siempre el mismo porcentaje respecto al patrimonio del comprador. Por eso no tiene sentido percibirlo como magnitudes distintas según el precio del bien que queremos comprar, porque la cantidad de dinero es la misma y supone la misma fracción del dinero del comprador.
Un argumento impecable, sólo una objeción.
Lo que Pedro ha cambiado es una variable y no un parámetro. Una variable es algo (...) que describe el estado de un sistema de forma cuantitativa, pudiendo tomar cualquier valor; los parámetros son valores constantes que relacionan las variables.
Por ejemplo, variables son el tiempo y el número de individuos de una especie; parámetros sería la tasa de natalidad o mortalidad.
No quiero resultar pedante, pero es un error muy común que no estaría de más aclarar.
-- editado por última vez a las 23:35
Me ha parecido bastante interesante el razonamiento que planteas, para pensarlo un rato si quieres ahorrar tantito más
No solo es el valor absoluto, se toma en cuenta el valor con respecto al costo total por que habla del porcentaje que puede aumentar el vendedor. O en otras palabras, habla de que tan abusivo es quien te está vendiendo el producto, si la gente evita a quien aumenta mucho en porcentaje, quizás a la larga tenga que poner precios más justos.
También cabe decir que los objetos entre más baratos generalmente se compran más seguido.
Aunque no todo es el precio, también la calidad del producto o servicio, si ambos vendiese el mismo producto pues vale solo es precio (aunque a veces la atención al cliente también cuenta.) Pero como ya se comentó en otro artículo de aquí. La gente que gusta ir a los Starbucks, porque a pesar de que son caros, puedes estar todo el día en su cafetería sin comprar nada, lo que los hace ideales para reunirse con alguien y hablar de trabajo o estudiar, mientras en cafeterías pequeñas y baratas los meseros te están presionando para que estés tomando todo el tiempo.
¿Esto también aplicaría para cómo la gente ve una pareja con una diferencia de edad? por ejemplo, está mal visto que un señor de 25 años sea pareja de una chica de 15 años. Pero si esa misma pareja tuviera unos 50 años más cada quien, (el señor de 75 años y la chica de 65) no estaría mal visto. ¿O aquí influyen otras circunstancias o parametros de tipo moral?
Tu ejemplo no tiene nada que ver con lo tratado en el artículo. Son casos completamente distintos. En el artículo se está hablando de el valor de objetos y cómo se percibe un mismo descuento de ese valor en proporción al total. Tú estás hablando de edades, no de precios ni valores. Ademas has de tener en cuenta que una misma persona a medida que cumple años puede cambiar mucho, especialmente al pasar de la adolescencia a edad adulta.
Por comentar un poco tu ejemplo, un hombre de 25 años es generalmente ya un adulto y persona madura, una muchacha de 15 años es una adolescente, aún no ha acabado su proceso de maduración y le faltan unos pocos años para ello. Es una relación a la que me parece que le falta equilibrio. Si les sumas tan solo 10 años, un hombre de 35 años con una mujer de 25, ésta última ya se supone que es también una persona adulta y madura con lo cual la relación ya parece mas equilibrada (yo mismo estoy en esa situación ya que mi pareja tiene 25 años y yo 36, pero estoy seguro de que jamás me habría fijado en ella hace 10 años, de los 15 a los 25 años una persona cambia muchísimo mentalmente).
Nodigo que no sea cierto el articulopero creo que hay algo que no se ha valorado. Una persona dispuesta, o mas bien a una persona con capacidad suficiente para gastarse 1000 euros le afectara menos el gasto de 25 euros mas, que a otra que solo puede gastarse cien. Asi, en la medida en la que dispongas de mas dinero, el ahorro, aun de la misma cantidad, sera tan pequeño en proporcion a todo lo que tienes que te dara igual. Mas aun, en el caso de una persona de clase media, que no va a tirar 25 euros asi sin mas y que puede permitirse un microondas y un televisor, no es lo mismo estar dispuesto a gastarse 1000 euros que 100 euros. Y una vez dispuesto a gastarte 1000 euros, te da igual gastarte un poco mas, hasta cierto limite claro. De modo que valorar ese porcentaje que decias en el articulo me parece razonable, en un caso es un 2,5% mas y en el otro un 25% aunque sean la misma cantidad se ajustan a lo que vas a gastar en ese determinado momento.
Bueno, si es cierto lo que se dice en el post, pero hay algo que no se ha tenido en cuenta.
Todo tiene un precio máximo que estaríamos dispuestos a pagar, el problema es que no siempre es fácil poner ese límite. En cosas con precios pequeños es más fácil, no se, uno no compraría algo de 50 céntimos por 1€. Pero con cosas con precios altos no pasa igual. Si dices que pagarías tanto dinero por un coche, y luego te dicen que te lo venden por esa cantidad más un euro, lo más seguro es que aún así lo comprarías.
El precio máximo que estamos dispuestos a pagar es una línea difusa cuanto mayor sea el precio de lo que vayamos a comprar. Por eso no nos supone demasiado pagar 25€ de más si el precio era de 1000€ y sí si se trata de 100€.
El tiempo que uno puede estar perdiendo buscando algo más barato depende del coste de oportunidad, es decir, del dinero que podrías estar ganando si no estuvieses perdiendo el tiempo. Por eso uno suele viajar en avión en vez de en barco, aunque este último sea más barato. A parte de otros factores, obviamente.
Por eso os aconsejo que trabajéis en proyectos de mucho dinero. El dinero se distorsiona y transforma en un monstruo en las grandes cantidades.
La idea es buena, lo malo es encontrar esos proyectos.
"la explicación evolutiva para que tengamos esa falla cognitiva es que nuestro cerebro no han sido diseñado para relacionarse con el dinero sino con la comida"
el articulo es muy interesante, pero la conclusion me parece desconcertante... la explicacion evolutiva basada en un diseño inteligente?
Lo que te desconcierta es la palabra 'diseñado'. No te alarmes, solo se refiere a que los sucesivos eventos evolutivos han acabado formando ('diseñando a sí mismo') un entramado biológico que procesa de una determinada manera la información numérica.
Para ayudar a entender la Ley de Weber, hay que pensar en términos de utilidad del consumidor. Lo detallo con un ejemplo, que siempre es más esclarecedor para quien no esté familiarizado con términos microeconómicos:
Considera 1000€ y 100€, y un ahorro de 25€ en ambos casos. Le daremos el valor de 1€ a 1 taza de café. Una vez efectuado el ahorro, en ambos casos podremos comprar 25 tazas de café, con lo que deducimos que nos proporciona la misma utilidad y da sentido a considerar ahorrar en ambos casos aún teniendo en cuenta la diferencia porcentual entre los dos.
Olvidándonos del ahorro relativo y considerando lo que podríamos realizar con el ahorro absoluto salta a la luz la incongruencia humana de la que habla el artículo.
-- editado por última vez a las 15:10
Una amiga se fue al pueblo de al lado (20 km) para ahorrarse 2 euros en un juguete para reyes... y cuando se fue a París un par de semanas después, decía: "No, este hotel no, que es una mierda, este otro que está en el centro" - lo que suponía una diferencia de al menos 50 euros la noche. Creo que en ocasiones valoramos las cosas según las expectativas de beneficio que tenemos de ellas. No se si me explico...
Otra cosa también es el tiempo es algo a lo que le damos mucho valor, por poner un ejemplo de mi casa a mi empleo hago 10min en taxi me cuesta 50MXN, 20min si tomo 3 micro-buses que me cuestan 21MXN, y 35min si tomo solo 2 gastando 14MXN, siempre tomo 2 pues ando sobrado de tiempo pero si un buen día se me hiciera tarde y solo contara con los 10min pagaría los 50MXN y no se me haría un gran gasto cosa que no hago todos los días por que se me hace un abuso lo que cobran los taxis en mi ciudad.
Dan Ariely en su libro Previsiblemente Irracional lo define como el "precio de anclaje", un precio que establecemos a nivel personal y a consecuencia de nuestra experiencia. Una vez hemos establecido cuanto pagaremos de máximo por un producto o un servicio, nos cuesta mucho salir de ese precio de anclaje y haremos lo posible por mantenerlos en el parámetro que entendemos como correcto. Por cierto, un libro muy recomendable.
La misma ley se aplica cuando en una organización suben el 2% de sueldo a todos sus integrantes. El que gana más, recibe más aumento en términos absolutos que el que ganaba menos, la distancia aumenta pero todos se empeñan en decir que el aumento fue el mismo.
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